- ¿Se puede saber dónde has estado? Te hemos esperado un buen rato, pero como no venías pues hemos cenado. El niño ya está durmiendo.
- He estado con mi hermano. Hacía mucho que no nos veíamos y bueno, hemos estado todo este rato juntos.
- ¿Con tu hermano? Pero si nunca os llevasteis bien…
- Está fatal Tengo que ayudarle como sea.
- Que raro… ¿tú ayudando a tu hermano?
- Ya se que nunca le he tenido mucho aprecio, pero es mi hermano.
- Bueno, me alegro de que pienses así por una vez. ¿Te hago algo de cena?
- No, ya me hago yo algo. Ah y no te preocupes, ya recojo yo todo.
- ¡Madre mía Gabriel, quien te ha visto y quien te ve! ¿Tienes fiebre?
- Que no mujer, en serio, no te preocupes de nada. Vete a descansar.
Gabriel la abrazó fuertemente ante la incredulidad de ella. Esta vez, en lugar de dejar todo en la mesa, recogió y fue al sofá a ver la televisión. Estuvo un buen rato, por lo que cuando se dispuso a ir a dormir fue con sigilo ya que Maite dormía desde hacía un par de horas. Durmió abrazado a ella, algo que hacía tiempo que no sucedía.
Gabriel veía cómo se acercaba el viernes y, al contrario de lo que suponía, no estaba nervioso sino más bien lo contrario. Ya faltaba poco, así que decidió coger el coche y dar una vuelta. Sentía unas ganas increíbles de conducir que nunca antes había experimentado. Arrancó con ganas y partió sin rumbo alguno aunque sabía perfectamente que el viernes tenía una cita obligatoria a la que no podía faltar.
CONTINUARÁ…
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas" (Jean-Jacques Rousseau).
lunes, 27 de septiembre de 2010
miércoles, 15 de septiembre de 2010
La firma (3)
- ¡Willy, pero cuanto tiempo! ¿Qué haces aquí? Tienes un aspecto horrible…
- Ya lo sabes tú, me metí en otras cosas. Pero bueno, ahora estoy bien, dentro de unas horas será peor, ya me entiendes…
- Tienes que acabar con esto de una vez… ¿Cuánto llevas así?
- Desde que el viejo me echó de casa. Pero bueno, ¿qué más da? Háblame de ti, ¿qué es de tu vida?
- Pues acabé empresariales y llevo un par de años trabajando. Me va bien, gano un sueldo bastante aceptable y me gusta lo que hago.
- ¿Y Maite?
- Maite en casa, estará preocupada por las horas que son.
- ¡Normal! ¿Se puede saber que haces a estas horas dando vueltas? ¿Y de donde vienes?
- Bueno, las explicaciones ya se las daré a ella ¿no? - dijo Gabriel entre risas.
- Vale, “tranqui” tío, mensaje captado.
- Oye Willy, me voy que Maite estará que echa humo.
- ¿Pero te vas ya? Hace años que no nos vemos Gaby, quédate un rato más y seguimos charlando.
- ¿Sabes qué? ¡Tienes razón! Además voy a pasar la noche contigo, que hace buen tiempo. ¿Dónde está tu casa?
- ¿Mi casa? Ese banco de ahí mismamente…
Gaby y Willy pasaron la noche entera hablando. Amaneció y no habían dormido ni siquiera un solo minuto. Cuando Gaby despertó, vio que Willy no estaba. De repente le vio a lo lejos, andando con dificultad y tembloroso.
- ¿Dónde has ido?
- A dar una vuelta.
- ¿Has ido a pillar, no?
- Pues claro… ya que tú no me das nada tendré que buscarme la vida ¿no?
- Creo va siendo hora de irme.
- ¿Es que me vas a dejar colgado? Ayúdame tío… déjame algo.
- Mira toma esta es la tarjeta de una amiga. Ella es la única que puede ayudarte.
- ¡Sabes de sobra que no necesito esa ayuda!
- Hazme caso Willy. Sálvate tú por lo menos.
- ¿Yo? A ver si el que va a necesitar ayuda eres tu…
- Ojala… pero créeme que no hay ayuda posible para mí. Adiós Willy.
- Bueno, ¿nos veremos pronto no ?
- Me gustaría, pero no lo creo. Adiós.
Empezó a anochecer y Gabriel se fue a casa. Al llegar encontró a Maite sentada en el sofá, llena de preocupación y nerviosismo.
CONTINUARÁ…
- Ya lo sabes tú, me metí en otras cosas. Pero bueno, ahora estoy bien, dentro de unas horas será peor, ya me entiendes…
- Tienes que acabar con esto de una vez… ¿Cuánto llevas así?
- Desde que el viejo me echó de casa. Pero bueno, ¿qué más da? Háblame de ti, ¿qué es de tu vida?
- Pues acabé empresariales y llevo un par de años trabajando. Me va bien, gano un sueldo bastante aceptable y me gusta lo que hago.
- ¿Y Maite?
- Maite en casa, estará preocupada por las horas que son.
- ¡Normal! ¿Se puede saber que haces a estas horas dando vueltas? ¿Y de donde vienes?
- Bueno, las explicaciones ya se las daré a ella ¿no? - dijo Gabriel entre risas.
- Vale, “tranqui” tío, mensaje captado.
- Oye Willy, me voy que Maite estará que echa humo.
- ¿Pero te vas ya? Hace años que no nos vemos Gaby, quédate un rato más y seguimos charlando.
- ¿Sabes qué? ¡Tienes razón! Además voy a pasar la noche contigo, que hace buen tiempo. ¿Dónde está tu casa?
- ¿Mi casa? Ese banco de ahí mismamente…
Gaby y Willy pasaron la noche entera hablando. Amaneció y no habían dormido ni siquiera un solo minuto. Cuando Gaby despertó, vio que Willy no estaba. De repente le vio a lo lejos, andando con dificultad y tembloroso.
- ¿Dónde has ido?
- A dar una vuelta.
- ¿Has ido a pillar, no?
- Pues claro… ya que tú no me das nada tendré que buscarme la vida ¿no?
- Creo va siendo hora de irme.
- ¿Es que me vas a dejar colgado? Ayúdame tío… déjame algo.
- Mira toma esta es la tarjeta de una amiga. Ella es la única que puede ayudarte.
- ¡Sabes de sobra que no necesito esa ayuda!
- Hazme caso Willy. Sálvate tú por lo menos.
- ¿Yo? A ver si el que va a necesitar ayuda eres tu…
- Ojala… pero créeme que no hay ayuda posible para mí. Adiós Willy.
- Bueno, ¿nos veremos pronto no ?
- Me gustaría, pero no lo creo. Adiós.
Empezó a anochecer y Gabriel se fue a casa. Al llegar encontró a Maite sentada en el sofá, llena de preocupación y nerviosismo.
CONTINUARÁ…
jueves, 9 de septiembre de 2010
La firma (2)
Al salir, Gabriel bajó las viejas escaleras y partió hacia su casa. Eran más de las doce de la noche, por tanto ya era lunes. Siempre cogía el mismo atajo para ir a su casa pero esa noche cambió de opinión y se decidió a ir por un camino más largo. Nunca hacía ese recorrido porque el parque por el que tenía que cruzar estaba lleno de drogadictos. Para Gabriel esa gente eran desechos sociales y siempre los miraba con desprecio. Sin embargo, esa noche todo iba a cambiar cuando de pronto uno de los drogadictos del parque se dirigió a él:
- ¡Señorito! ¿Déjame algo, no?
- No tengo nada, te lo juro.
- ¡Venga ya! Pero si solo con el traje que llevas me daría para comer todo el mes.
- Sí, seguro que te lo gastarías en comida…
- Venga, no seas así… si estoy bien ¡solo quiero cenar algo!
- ¡Que te he dicho que no tengo nada!
- ¿Y ese reloj?
- ¡No voy a darte el reloj!
- No, no. ¿Qué de dónde lo has sacado?
- Me lo dio mi padre. Era de mi hermano, pero él se metió en otras cosas y acabo en mi muñeca.
- No puede ser… ¿Eres Gaby?
- ¿Cómo sabes mi nombre?
- ¡Gaby, tío! Soy yo, Willy.
CONTINUARÁ…
- ¡Señorito! ¿Déjame algo, no?
- No tengo nada, te lo juro.
- ¡Venga ya! Pero si solo con el traje que llevas me daría para comer todo el mes.
- Sí, seguro que te lo gastarías en comida…
- Venga, no seas así… si estoy bien ¡solo quiero cenar algo!
- ¡Que te he dicho que no tengo nada!
- ¿Y ese reloj?
- ¡No voy a darte el reloj!
- No, no. ¿Qué de dónde lo has sacado?
- Me lo dio mi padre. Era de mi hermano, pero él se metió en otras cosas y acabo en mi muñeca.
- No puede ser… ¿Eres Gaby?
- ¿Cómo sabes mi nombre?
- ¡Gaby, tío! Soy yo, Willy.
CONTINUARÁ…
miércoles, 1 de septiembre de 2010
La firma (1)
- Entonces… ¿el viernes le viene bien?
- Pues a ver…¿Qué día es hoy?
- Lunes. Bueno no, aún es domingo. Faltan trece minutos para que sea lunes.
- ¡Ah! Entonces todavía no es lunes…
- Tiene usted razón. Pero de aquí al viernes creo que tendrá tiempo de sobra.
- Sí. Pues vale, el viernes entonces.
- Perfecto, pues sin falta nos veremos. Y concretada la fecha, le voy a enseñar el papel que usted tiene que firmar para hacer oficial todo esto.
- ¿Y es estrictamente necesario?
- Sí. Es más que nada por cumplir las normas que nos ponen los de arriba. Ya sabe… tonterías, pero hay que hacer las cosas bien.
- Bueno, si no hay mas remedio…
- Tranquilo, si esto es solo un tema de papeleo para que mi jefe vea que hago bien mi trabajo.
- ¿Y su jefe es siempre tan responsable con las normas?
- No lo sabe usted bien… ¿me firma aquí por favor?
- Ya está. Y ahora, ¿puedo irme?
- Por supuesto, le acompaño a la puerta.
- Muy amable.
- Nunca es tarde para serlo, ya sabe a lo que me refiero.
- Sí, me temo que sí.
- Bueno, pues que pase una buena semana y nos vemos el viernes.
- Muchas gracias, se hará lo que se pueda.
- Y sea puntual, a mi jefe no le gusta que le hagan esperar.
- Descuide, por mucho que quiera retrasarme no va a ser posible… Adiós.
CONTINUARÁ…
- Pues a ver…¿Qué día es hoy?
- Lunes. Bueno no, aún es domingo. Faltan trece minutos para que sea lunes.
- ¡Ah! Entonces todavía no es lunes…
- Tiene usted razón. Pero de aquí al viernes creo que tendrá tiempo de sobra.
- Sí. Pues vale, el viernes entonces.
- Perfecto, pues sin falta nos veremos. Y concretada la fecha, le voy a enseñar el papel que usted tiene que firmar para hacer oficial todo esto.
- ¿Y es estrictamente necesario?
- Sí. Es más que nada por cumplir las normas que nos ponen los de arriba. Ya sabe… tonterías, pero hay que hacer las cosas bien.
- Bueno, si no hay mas remedio…
- Tranquilo, si esto es solo un tema de papeleo para que mi jefe vea que hago bien mi trabajo.
- ¿Y su jefe es siempre tan responsable con las normas?
- No lo sabe usted bien… ¿me firma aquí por favor?
- Ya está. Y ahora, ¿puedo irme?
- Por supuesto, le acompaño a la puerta.
- Muy amable.
- Nunca es tarde para serlo, ya sabe a lo que me refiero.
- Sí, me temo que sí.
- Bueno, pues que pase una buena semana y nos vemos el viernes.
- Muchas gracias, se hará lo que se pueda.
- Y sea puntual, a mi jefe no le gusta que le hagan esperar.
- Descuide, por mucho que quiera retrasarme no va a ser posible… Adiós.
CONTINUARÁ…
jueves, 19 de agosto de 2010
Legalización del vicio
¿Qué es el vicio? Podríamos definirlo como la excesiva afición a algo que a la larga acaba siendo perjudicial para nosotros. Sí, podría servir, pero yo voy más allá: vicio es vida, porque ¿qué sería la vida sin vicios? Sería aburrido vivir día tras día viendo como pasan las horas sin tener ganas de hacer algo en concreto.
El problema no está en tener un vicio o varios sino en ocultarlos e intentar camuflarlos con justificaciones baratas. “Visito frecuentemente los burdeles porque me falta sexo”. Típica frase de alguien para justificar algo injustificable que es que le gustan tanto las mujeres que no es capaz de tener paciencia para poder ligarse (vulgarmente hablando) a una mujer sin tener que pagar. De siempre he dicho que un prostíbulo me parece uno de los sitios mas dignos que hay y por eso me molesta que solamente lo visiten indignos. Porque es absolutamente de indignos avergonzarse y ocultar el vicio de consumir prostitución.
He puesto el ejemplo de la prostitución pero hay muchos más. Sin ir más lejos, la droga es otro vicio que todo aquel que la consume lo oculta porque la sociedad lo ve mal. Seamos serios, si uno es mayor para consumir cocaína y se siente bien consumiéndola ¿qué sentido tiene andar escondiéndose de ella? Una respuesta madura ante la sociedad sería: “disfruto con la cocaína y se que me estoy matando, pero me da igual porque me da placer así que exijo que se legalice”. Yo estoy a favor de la legalización de todas las drogas. No me vale la falacia de unas sí porque no son tan duras y otras no porque matan más rápido. Apoyo la legalización de todas porque así acabaríamos de una vez con el mercado del trapicheo que tantas familias rompe y los narcotraficantes irían al paro. El que quiera drogarse que se drogue, pero siempre en sitios específicos para ello y no en las esquinas de las calles o en los baños de las discotecas. Ya hay demasiada información como para engañarnos de que legalizando llevaríamos a la sociedad al suicidio.
La formula para acabar con los mal llamados vicios de la gente no está en prohibir sino en legalizar con una previa información. Prostitución sí, pero en un local preparado para eso y con una higiene ejemplar, no en la calle detrás de un arbusto. Drogas sí, pero en un lugar especifico para consumir todo tipo de sustancias y que estuviera visible como lo está el supermercado, la farmacia o el banco. Y lo mismo con otras muchas cosas que el ser humano hace a escondidas o mirando de reojo por si acaso alguien mira. Lástima que tener esta visión sea catalogarse en un suicida social. Lamentablemente la sociedad no está preparada para dar este paso. No me gustan los políticos, siempre lo he dicho, pero apoyaría firmemente a aquel que promoviera una sociedad verdadera y no esta tapadera que hay montada en donde lo único que está legalizado es la hipocresía.
El problema no está en tener un vicio o varios sino en ocultarlos e intentar camuflarlos con justificaciones baratas. “Visito frecuentemente los burdeles porque me falta sexo”. Típica frase de alguien para justificar algo injustificable que es que le gustan tanto las mujeres que no es capaz de tener paciencia para poder ligarse (vulgarmente hablando) a una mujer sin tener que pagar. De siempre he dicho que un prostíbulo me parece uno de los sitios mas dignos que hay y por eso me molesta que solamente lo visiten indignos. Porque es absolutamente de indignos avergonzarse y ocultar el vicio de consumir prostitución.
He puesto el ejemplo de la prostitución pero hay muchos más. Sin ir más lejos, la droga es otro vicio que todo aquel que la consume lo oculta porque la sociedad lo ve mal. Seamos serios, si uno es mayor para consumir cocaína y se siente bien consumiéndola ¿qué sentido tiene andar escondiéndose de ella? Una respuesta madura ante la sociedad sería: “disfruto con la cocaína y se que me estoy matando, pero me da igual porque me da placer así que exijo que se legalice”. Yo estoy a favor de la legalización de todas las drogas. No me vale la falacia de unas sí porque no son tan duras y otras no porque matan más rápido. Apoyo la legalización de todas porque así acabaríamos de una vez con el mercado del trapicheo que tantas familias rompe y los narcotraficantes irían al paro. El que quiera drogarse que se drogue, pero siempre en sitios específicos para ello y no en las esquinas de las calles o en los baños de las discotecas. Ya hay demasiada información como para engañarnos de que legalizando llevaríamos a la sociedad al suicidio.
La formula para acabar con los mal llamados vicios de la gente no está en prohibir sino en legalizar con una previa información. Prostitución sí, pero en un local preparado para eso y con una higiene ejemplar, no en la calle detrás de un arbusto. Drogas sí, pero en un lugar especifico para consumir todo tipo de sustancias y que estuviera visible como lo está el supermercado, la farmacia o el banco. Y lo mismo con otras muchas cosas que el ser humano hace a escondidas o mirando de reojo por si acaso alguien mira. Lástima que tener esta visión sea catalogarse en un suicida social. Lamentablemente la sociedad no está preparada para dar este paso. No me gustan los políticos, siempre lo he dicho, pero apoyaría firmemente a aquel que promoviera una sociedad verdadera y no esta tapadera que hay montada en donde lo único que está legalizado es la hipocresía.
jueves, 29 de julio de 2010
¿Cornada a la libertad?
Voy tratar un tema que desde siempre me ha dado igual: los toros. En primer lugar, tengo que decir que no me gustan los toros. Me parece un espectáculo lamentable y que sería capaz de producirme cualquier cosa menos diversión. Pero esto es solo mi opinión y respeto a quienes aman las corridas y disfrutan como un niño en navidad viéndolas.
No me preocupa en absoluto que a un torero se lo lleve por delante un toro. Es más, no me produce ningún tipo de reacción, llámenme insensible pero es así. ¿Pena a lo mejor? Bueno, a nadie le gusta ver sufrir a los demás, quitando a asesinos o psicópatas que parece ser que disfrutan con ello. Pero no, mucha pena no me dan porque es tan lógico como aquel que se pone delante de un tigre y pretende que el tigre no le coma. Por eso no entiendo tampoco el escándalo que se genera cuando un torero sale prácticamente moribundo de una corrida por haber recibido la cornada de un toro. Aunque sí debo reconocer que hay bastantes probabilidades de que Dios exista para ellos porque siempre, afortunadamente, se recuperan.
Se ha generado mucha polémica sobre lo que ha ocurrido en Cataluña con la ilegalización de las corridas taurinas. Tengo que decir que no estoy de acuerdo con esta decisión. ¿Y cómo es posible si a mi no me gustan los toros? Pues porque respeto a quienes sí les gusta. No me gustaría que esto se interpretara como una defensa a los toros. Lo que veo es que cada vez más se solucionan las cosas a golpe de prohibición. Claro, como hay democracia pues con votarlo los políticos parece que vale. Entonces me temo que esto no es una democracia sino una especie de dictadura libertaria con una combinación de fascismo y anarquismo, o lo que es peor, un “viva la Pepa” con ciertas censuras.
Por otro lado, también observo que se está desviando lo que realmente es importante en el tema. Cierto sector de la población no hace más que quejarse sobre que se acaba de romper una cultura española y un arte. ¿Pero qué arte? No confundamos tradición con arte. Yo puedo tener la costumbre de hacer barbacoas todo los sábados con mi familia y a la larga se acaba convirtiendo en tradición familiar, pero nunca será arte. Pues lo mismo pasa con esto, por muy bien que se le de al torero vacilar al toro no será nunca arte sino tradición e incluso profesión. Porque yo no he oído nunca que se diga que un medico tiene arte operando a corazón abierto, y eso esta más cerca de ser arte que lo otro. No confundamos el poder asistir libremente a una corrida de toros, lo cual yo respeto y creo que es un derecho social cómo lo es el futbol o las exposiciones mangas, a escudarnos en el típico discurso catastrofista que siempre hace la misma gente. Seamos serios.
No me preocupa en absoluto que a un torero se lo lleve por delante un toro. Es más, no me produce ningún tipo de reacción, llámenme insensible pero es así. ¿Pena a lo mejor? Bueno, a nadie le gusta ver sufrir a los demás, quitando a asesinos o psicópatas que parece ser que disfrutan con ello. Pero no, mucha pena no me dan porque es tan lógico como aquel que se pone delante de un tigre y pretende que el tigre no le coma. Por eso no entiendo tampoco el escándalo que se genera cuando un torero sale prácticamente moribundo de una corrida por haber recibido la cornada de un toro. Aunque sí debo reconocer que hay bastantes probabilidades de que Dios exista para ellos porque siempre, afortunadamente, se recuperan.
Se ha generado mucha polémica sobre lo que ha ocurrido en Cataluña con la ilegalización de las corridas taurinas. Tengo que decir que no estoy de acuerdo con esta decisión. ¿Y cómo es posible si a mi no me gustan los toros? Pues porque respeto a quienes sí les gusta. No me gustaría que esto se interpretara como una defensa a los toros. Lo que veo es que cada vez más se solucionan las cosas a golpe de prohibición. Claro, como hay democracia pues con votarlo los políticos parece que vale. Entonces me temo que esto no es una democracia sino una especie de dictadura libertaria con una combinación de fascismo y anarquismo, o lo que es peor, un “viva la Pepa” con ciertas censuras.
Por otro lado, también observo que se está desviando lo que realmente es importante en el tema. Cierto sector de la población no hace más que quejarse sobre que se acaba de romper una cultura española y un arte. ¿Pero qué arte? No confundamos tradición con arte. Yo puedo tener la costumbre de hacer barbacoas todo los sábados con mi familia y a la larga se acaba convirtiendo en tradición familiar, pero nunca será arte. Pues lo mismo pasa con esto, por muy bien que se le de al torero vacilar al toro no será nunca arte sino tradición e incluso profesión. Porque yo no he oído nunca que se diga que un medico tiene arte operando a corazón abierto, y eso esta más cerca de ser arte que lo otro. No confundamos el poder asistir libremente a una corrida de toros, lo cual yo respeto y creo que es un derecho social cómo lo es el futbol o las exposiciones mangas, a escudarnos en el típico discurso catastrofista que siempre hace la misma gente. Seamos serios.
miércoles, 28 de julio de 2010
El precipicio de la felicidad (6)
- Camarero ponga otro whisky al chico -dijo el hombre y rápidamente continuó- Querías a Marta y la tienes. Querías un trabajo fijo y también lo tienes. Eres psicólogo y de los mejores.
-¡Yo no soy psicólogo, soy escritor!
- No hacías más que quejarte de que tus novelas no se vendían y que no te daban suficiente dinero. Pues bien, ahora tienes un trabajo y la mujer que quieres está contigo.
- Entonces, usted ha cambiado todo esto. ¡Usted ha cambiado mi vida y la ha convertido en una pesadilla!
- ¡La he convertido en lo que tú querías, Asier! Te has pasado la vida entera persiguiendo cosas inalcanzables para ti y cuando por fin las tienes no eres capaz de vivir con ellas.
- ¡Yo estaba bien como antes! No necesitaba nada de esto.
- ¿Entonces por qué no eras feliz si tan bien estabas?
- No lo se… quiero recuperar mi vida de una vez. ¿No hay ninguna forma de hacerlo?
- Es tarde para eso ya, estamos en el límite.
- ¿En el límite de qué?
- De lo que puedes aguantar. Solo tienes una solución y sabes perfectamente cual es.
El hombre le indicó con la mirada la botella de whisky que había sobre la barra de la mesa. Asier no dudó ni un instante y comenzó a beber como si de una competición de alcoholismo se tratase. Se la terminó entera y a los pocos segundos comenzó a encontrarse mal. Veía todo nublado y estaba mareado.
- ¿Por qué me hace esto? Dijo Asier con voz de tener ganas de vomitar.
- Antes de que te vayas te diré algo.
- ¿De que me vaya a dónde?
- La felicidad es como un precipicio, de lejos no asusta pero cuando lo tienes delante es cuando verdaderamente comprendes lo peligroso que puede llegar a ser. Adiós, Asier.
Al acabar el hombre de hablar, Asier se desmayó en medio del bar. Poco tiempo después, dormía en su cama con la misma ropa como si alguien le hubiese acostado. Se despertó con el corazón latiendo a gran velocidad y con dificultades para respirar. En su mente todavía estaban las ultimas palabras de aquel extraño hombre, al cual no quería volver a ver. Se fue a la cocina a por un vaso de agua y observó que al lado del grifo tenía un sobre que jamás había visto. Lo abrió y en su interior leyó: “Querido Asier, disculpa las molestias. No quería que esto llegase tan lejos pero no he tenido más remedio que hacerlo. Espero que no volvamos a vernos en mucho tiempo porque cada vez que nos vemos siempre acabamos discutiendo. Termino esta nota recordándote que la felicidad es como un precipicio, de lejos no asusta pero cuando lo tienes delante es cuando verdaderamente comprendes lo peligroso que puede llegar a ser. Recuérdalo siempre. Firmado, tu pensamiento.”
-¡Yo no soy psicólogo, soy escritor!
- No hacías más que quejarte de que tus novelas no se vendían y que no te daban suficiente dinero. Pues bien, ahora tienes un trabajo y la mujer que quieres está contigo.
- Entonces, usted ha cambiado todo esto. ¡Usted ha cambiado mi vida y la ha convertido en una pesadilla!
- ¡La he convertido en lo que tú querías, Asier! Te has pasado la vida entera persiguiendo cosas inalcanzables para ti y cuando por fin las tienes no eres capaz de vivir con ellas.
- ¡Yo estaba bien como antes! No necesitaba nada de esto.
- ¿Entonces por qué no eras feliz si tan bien estabas?
- No lo se… quiero recuperar mi vida de una vez. ¿No hay ninguna forma de hacerlo?
- Es tarde para eso ya, estamos en el límite.
- ¿En el límite de qué?
- De lo que puedes aguantar. Solo tienes una solución y sabes perfectamente cual es.
El hombre le indicó con la mirada la botella de whisky que había sobre la barra de la mesa. Asier no dudó ni un instante y comenzó a beber como si de una competición de alcoholismo se tratase. Se la terminó entera y a los pocos segundos comenzó a encontrarse mal. Veía todo nublado y estaba mareado.
- ¿Por qué me hace esto? Dijo Asier con voz de tener ganas de vomitar.
- Antes de que te vayas te diré algo.
- ¿De que me vaya a dónde?
- La felicidad es como un precipicio, de lejos no asusta pero cuando lo tienes delante es cuando verdaderamente comprendes lo peligroso que puede llegar a ser. Adiós, Asier.
Al acabar el hombre de hablar, Asier se desmayó en medio del bar. Poco tiempo después, dormía en su cama con la misma ropa como si alguien le hubiese acostado. Se despertó con el corazón latiendo a gran velocidad y con dificultades para respirar. En su mente todavía estaban las ultimas palabras de aquel extraño hombre, al cual no quería volver a ver. Se fue a la cocina a por un vaso de agua y observó que al lado del grifo tenía un sobre que jamás había visto. Lo abrió y en su interior leyó: “Querido Asier, disculpa las molestias. No quería que esto llegase tan lejos pero no he tenido más remedio que hacerlo. Espero que no volvamos a vernos en mucho tiempo porque cada vez que nos vemos siempre acabamos discutiendo. Termino esta nota recordándote que la felicidad es como un precipicio, de lejos no asusta pero cuando lo tienes delante es cuando verdaderamente comprendes lo peligroso que puede llegar a ser. Recuérdalo siempre. Firmado, tu pensamiento.”
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