- Hablas como si siempre tuvieses la razón, como si nada te importase porque tu tienes en tus palabras la verdad.
- No nos desviemos del tema. Hablábamos de que no es imposible que mi felicidad sea fingida.
- Cierto, y aún no me has explicado por qué.
- Es muy sencillo, querido. Por ejemplo, ¿podrías evitar que el agua estuviese mojada?
- No.
- ¿Y que el fuego no quemase?
- Si le echo agua encima ya no quema.
- Pero sabes perfectamente que entonces ya no sería fuego.
- Supongo que tienes razón.
- Pues de la misma manera que al agua no puede dejar de mojar y el fuego no puede dejar de quemar, deduce por qué mi felicidad no puede ser fingida.
- ¿Quién eres?
- Si a estas alturas de la conversación no lo sabes todavía me temo que ya nunca lo sabrás.
- Se quien eres, te estoy viendo. Eres la chica con la que estoy hablando, guapa, simpática y siempre risueña.
- Conoces mi apariencia exterior, pero no has sabido deducir quien soy realmente.
- ¿Y no puedes decírmelo?
- No podría definírtelo con palabras, querido. Yo no puedo descubrirte quien soy, eso ya es cuestión tuya. Si es que quieres…
FIN
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas" (Jean-Jacques Rousseau).
viernes, 7 de enero de 2011
jueves, 30 de diciembre de 2010
Sonríe (2)
- Verás, no hay nada mas fingido que alguien que desea sonreír y sabe que va a hacerlo. Imagínate esta situación: alguien que va al cine a ver una comedia va porque tiene la intención de reírse y pasar un buen rato ¿no?
- Supongo que sí. Pero es lo normal… si alguien va a ver una comedia es porque tiene ganas de reírse.
- Por tanto ahí tienes la respuesta. Sonríes porque te apetece sonreír, pero no porque tu sonrisa sea pura.
- Pero siempre las sonrisas vienen provocadas por algo. ¡Uno no puede sonreír porque sí!
- Precisamente la sonrisa que sale sin motivo alguno es la única verdadera. No viene determinada por nada, simplemente es innata y siempre está ahí.
- Nadie sonríe sin motivo alguno. Siempre hay algo que lo provoca. Tú me cuentas un chiste y si me hace gracia me río. También puedo fingir que no me hace gracia y reírme, pero aún así ambas sonrisas estarían motivadas por algo.
- ¿Y si no te cuento ningún chiste? ¿Y si no hago nada gracioso para motivar tu sonrisa?
- ¡Entonces no sonreiría!
- Por lo que volvemos a lo que decía antes. Eres un infeliz
- Quizás tu felicidad sea fingida y no te has dado cuenta.
- Querido, me temo que eso no es posible.
CONTINUARÁ…
- Supongo que sí. Pero es lo normal… si alguien va a ver una comedia es porque tiene ganas de reírse.
- Por tanto ahí tienes la respuesta. Sonríes porque te apetece sonreír, pero no porque tu sonrisa sea pura.
- Pero siempre las sonrisas vienen provocadas por algo. ¡Uno no puede sonreír porque sí!
- Precisamente la sonrisa que sale sin motivo alguno es la única verdadera. No viene determinada por nada, simplemente es innata y siempre está ahí.
- Nadie sonríe sin motivo alguno. Siempre hay algo que lo provoca. Tú me cuentas un chiste y si me hace gracia me río. También puedo fingir que no me hace gracia y reírme, pero aún así ambas sonrisas estarían motivadas por algo.
- ¿Y si no te cuento ningún chiste? ¿Y si no hago nada gracioso para motivar tu sonrisa?
- ¡Entonces no sonreiría!
- Por lo que volvemos a lo que decía antes. Eres un infeliz
- Quizás tu felicidad sea fingida y no te has dado cuenta.
- Querido, me temo que eso no es posible.
CONTINUARÁ…
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Sonríe (1)
- ¿Y tú eres siempre tan risueña?
- ¡Pues claro!
- ¿Y cuál es tu secreto?
- No hay secreto. Es innato en mí.
- Eso no tiene sentido…
- ¿Por qué?
- Porque para sonreír hay que tener motivos… y no creo que los tengas siempre ¿no?
- No tiene que ser siempre así. Esa visión de la sonrisa la tiene la mayoría de la gente y así va el mundo.
- Explícate.
- Digamos que la gente solo se plantea sonreír en ocasiones señaladas, es decir, cuando tienen que hacerlo. Entonces todo eso lleva a que la sonrisa o la propia risa deja de ser real.
- ¿Y no sería más bien al contrario? Sonreír con motivo alguno implica una sonrisa verdadera.
- Querido, tienes la misma percepción de la sonrisa que todos los infelices.
- ¡Yo no soy un infeliz! Como sabes que he tumbado tu argumento ahora te inventas eso, pero no es cierto.
- Para nada. Te diré, aunque te duela saberlo, que no me has tumbado mi argumento. ¿Tú opinas que para sonreír hay que tener algún motivo aparente no?
- Sí
- Pues entonces tu sonrisa está siendo inconscientemente forzada.
- ¿Y eso por qué?
CONTINUARÁ…
- ¡Pues claro!
- ¿Y cuál es tu secreto?
- No hay secreto. Es innato en mí.
- Eso no tiene sentido…
- ¿Por qué?
- Porque para sonreír hay que tener motivos… y no creo que los tengas siempre ¿no?
- No tiene que ser siempre así. Esa visión de la sonrisa la tiene la mayoría de la gente y así va el mundo.
- Explícate.
- Digamos que la gente solo se plantea sonreír en ocasiones señaladas, es decir, cuando tienen que hacerlo. Entonces todo eso lleva a que la sonrisa o la propia risa deja de ser real.
- ¿Y no sería más bien al contrario? Sonreír con motivo alguno implica una sonrisa verdadera.
- Querido, tienes la misma percepción de la sonrisa que todos los infelices.
- ¡Yo no soy un infeliz! Como sabes que he tumbado tu argumento ahora te inventas eso, pero no es cierto.
- Para nada. Te diré, aunque te duela saberlo, que no me has tumbado mi argumento. ¿Tú opinas que para sonreír hay que tener algún motivo aparente no?
- Sí
- Pues entonces tu sonrisa está siendo inconscientemente forzada.
- ¿Y eso por qué?
CONTINUARÁ…
domingo, 21 de noviembre de 2010
Ni perdón ni olvido
La venganza es el lado más oscuro y a la vez innato que todo ser humano tiene. Sería de necios creer a todos aquellos que van predicando con el ejemplo de poner la otra mejilla. Esos que tan buena cara ponen siempre y que están abiertos a todo tipo de entendimiento son los primeros que a la mínima no cumplen con lo predicado. Por tanto, seamos sinceros de una vez y admitamos que la venganza es uno de los pocos placeres que el ser humano ha inventado para ocultar o intentar remediar sus miserias. Pero puesto que la venganza es un placer, también es limitado. Todo placer es momentáneo y cuando acaba tan solo queda el recuerdo, que en este caso es el rencor.
Tenía razón Borges cuando dijo que el olvido es la única venganza y el único perdón. Desde el punto de vista del rencoroso, esta frase es tan inexistente como la presencia de un gato en una perrera. El rencoroso no concibe la idea del olvido y por eso tiene que justificarse en la venganza para reposar toda su mísera existencia. Es más patético aquel que no olvida que aquel que necesita ser olvidado.
Claro está que olvidar es imposible. No por rencores ni por odios, sino por el simple hecho de que tenemos cerebro y eso nos hace recordar. Esta capacidad de recordar nos transporta a un martirio constante que tenemos que justificar con el rencor. Me atrevería a decir que el rencor es peor que la venganza. Al fin y al cabo, la venganza tan solo es la culminación de todo el odio acumulado por una situación determinada y que tiene que salir por algún sitio porque sino explota. Metafóricamente hablando, la venganza es el adulterio del rencor. Sin entrar a hablar de infidelidades porque no es el tema a tratar hoy, el hecho de que alguien ponga los cuernos a su pareja es generalmente la culminación de un montón de rencores.
No es nada malo, simplemente es parte del ser. Lo que no podemos hacer es ver lo blanco negro y engañarnos pensando que tenemos la capacidad de perdonar. Nadie, absolutamente nadie tiene el don de perdonar. Acabo de terminar con uno de los pilares básicos del cristianismo, perdonar y ser perdonado. La propia religión es la primera que lleva siglos engañándose sobre el perdón. No se puede perdonar por el simple hecho de que no se puede olvidar. Solo un amnésico tendría la capacidad de perdón verdadero. Se empieza a perdonar cuando se termina de olvidar.
Tenía razón Borges cuando dijo que el olvido es la única venganza y el único perdón. Desde el punto de vista del rencoroso, esta frase es tan inexistente como la presencia de un gato en una perrera. El rencoroso no concibe la idea del olvido y por eso tiene que justificarse en la venganza para reposar toda su mísera existencia. Es más patético aquel que no olvida que aquel que necesita ser olvidado.
Claro está que olvidar es imposible. No por rencores ni por odios, sino por el simple hecho de que tenemos cerebro y eso nos hace recordar. Esta capacidad de recordar nos transporta a un martirio constante que tenemos que justificar con el rencor. Me atrevería a decir que el rencor es peor que la venganza. Al fin y al cabo, la venganza tan solo es la culminación de todo el odio acumulado por una situación determinada y que tiene que salir por algún sitio porque sino explota. Metafóricamente hablando, la venganza es el adulterio del rencor. Sin entrar a hablar de infidelidades porque no es el tema a tratar hoy, el hecho de que alguien ponga los cuernos a su pareja es generalmente la culminación de un montón de rencores.
No es nada malo, simplemente es parte del ser. Lo que no podemos hacer es ver lo blanco negro y engañarnos pensando que tenemos la capacidad de perdonar. Nadie, absolutamente nadie tiene el don de perdonar. Acabo de terminar con uno de los pilares básicos del cristianismo, perdonar y ser perdonado. La propia religión es la primera que lleva siglos engañándose sobre el perdón. No se puede perdonar por el simple hecho de que no se puede olvidar. Solo un amnésico tendría la capacidad de perdón verdadero. Se empieza a perdonar cuando se termina de olvidar.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Typical Spanish
(Antes de nada, esta entrada del blog ha sido publicada hoy en una pagina web de la que soy colaborador, www.elpatibulo.es. Será la primera y última vez que publique algo en este blog que también haya publicado en la otra web)
Señores, bienvenidos a España. Ese país que tanto destaca por su sol, su buena comida, sus guapas mujeres y por su amplio grado de paletismo. ¿Paletismo? Sí, eso he dicho. Somos los líderes indiscutibles del cachondeo y la juerga, y parece que eso nos mantiene felices. Un país en donde la única ley que se cumple al cien por cien es la del mínimo esfuerzo. Tenemos un nivel cultural tan elevado que contemplamos el toreo como una magnifica obra de arte. Aunque dicho sea de paso, también somos muy sensibles, ya que nos quedamos anonadados cada vez que hay una cornada. Claro, es que ponerse delante de un toro no solo es un arte sino un completo acto de cordura. ¡Faltaría mas!
Pero ante todo, tenemos claro quienes son nuestros líderes. Mientras Zapatero y Rajoy parecen no ponerse de acuerdo ni en que la leche es blanca, Belén Esteban escala posiciones en su carrera hacia la Moncloa. No solo conseguiría cinco escaños en el congreso (cuatro más que Rosa Díez en las últimas elecciones generales) sino que ya le hacen su propio Tengo una pregunta para usted. Quién sabe, a lo mejor esta mujer tiene la solución para salir de la crisis económica y no la estamos tomando en serio.
Todo esto me lleva a pensar que desgraciadamente el paletismo ha dado un golpe de estado en nuestras calles. Hemos llegado un momento en que, por lo menos, merece una reflexión ver que somos un país que solo ejercita el patriotismo sincero cuando juega la Selección.
Definitivamente, y en esto creo que todos coincidimos, España es diferente. Todavía no se si eso es bueno o malo.
¿Y todo este sarcasmo? No es sarcasmo, es la realidad. Además ¿quién habló de sarcasmo en esta web?
Señores, bienvenidos a España. Ese país que tanto destaca por su sol, su buena comida, sus guapas mujeres y por su amplio grado de paletismo. ¿Paletismo? Sí, eso he dicho. Somos los líderes indiscutibles del cachondeo y la juerga, y parece que eso nos mantiene felices. Un país en donde la única ley que se cumple al cien por cien es la del mínimo esfuerzo. Tenemos un nivel cultural tan elevado que contemplamos el toreo como una magnifica obra de arte. Aunque dicho sea de paso, también somos muy sensibles, ya que nos quedamos anonadados cada vez que hay una cornada. Claro, es que ponerse delante de un toro no solo es un arte sino un completo acto de cordura. ¡Faltaría mas!
Pero ante todo, tenemos claro quienes son nuestros líderes. Mientras Zapatero y Rajoy parecen no ponerse de acuerdo ni en que la leche es blanca, Belén Esteban escala posiciones en su carrera hacia la Moncloa. No solo conseguiría cinco escaños en el congreso (cuatro más que Rosa Díez en las últimas elecciones generales) sino que ya le hacen su propio Tengo una pregunta para usted. Quién sabe, a lo mejor esta mujer tiene la solución para salir de la crisis económica y no la estamos tomando en serio.
Todo esto me lleva a pensar que desgraciadamente el paletismo ha dado un golpe de estado en nuestras calles. Hemos llegado un momento en que, por lo menos, merece una reflexión ver que somos un país que solo ejercita el patriotismo sincero cuando juega la Selección.
Definitivamente, y en esto creo que todos coincidimos, España es diferente. Todavía no se si eso es bueno o malo.
¿Y todo este sarcasmo? No es sarcasmo, es la realidad. Además ¿quién habló de sarcasmo en esta web?
sábado, 16 de octubre de 2010
No puedes escapar
Por lo general, las personas nos creemos libres. Quitando algunas excepciones de gente que, desgraciadamente, vive en represión por el Estado, sectas de cualquier tipo u otras circunstancias, nos podemos considerar libres. Nos creemos “supermanes” de las situaciones; podemos salir de cualquier conflicto ya que para eso tenemos la capacidad de comunicarnos y eso nos ayuda bastante.
Nadie puede obligarnos a hacer nada que no queramos. Podemos evitar todo aquello que nos cause molestia. Por poner un ejemplo absurdo, si no me gustan las acelgas las ignoro y no me las como. Por tanto, somos libres. Así que desde aquí le doy un aplauso a todos aquellos que se lo creen.
Pues bien, lamento decir que solo somos libres de ojos para afuera. Somos libres de todo menos de nosotros mismos. Esto es debido a que tenemos conciencia. Nadie puede escapar de ella. Es peor que una novia posesiva o un acosador. Siempre está ahí y es imposible hacerla desaparecer.
Lo peor de todo es que la conciencia es un enemigo que siempre tiene la razón. Aquel que intente quitársela tiene un problema muy serio. Estará hora tras hora intentando autoconvencerse de lo contrario que le dicta su conciencia y acabará mal, lógicamente.
Queda demostrado que la conciencia es la niña mimada de cada uno. Así que a todos los que intenten ir en contra de su conciencia les recomiendo que no lo hagan, porque por mucho que prolonguen su agonía al final siempre se sale con la suya.
Nadie puede obligarnos a hacer nada que no queramos. Podemos evitar todo aquello que nos cause molestia. Por poner un ejemplo absurdo, si no me gustan las acelgas las ignoro y no me las como. Por tanto, somos libres. Así que desde aquí le doy un aplauso a todos aquellos que se lo creen.
Pues bien, lamento decir que solo somos libres de ojos para afuera. Somos libres de todo menos de nosotros mismos. Esto es debido a que tenemos conciencia. Nadie puede escapar de ella. Es peor que una novia posesiva o un acosador. Siempre está ahí y es imposible hacerla desaparecer.
Lo peor de todo es que la conciencia es un enemigo que siempre tiene la razón. Aquel que intente quitársela tiene un problema muy serio. Estará hora tras hora intentando autoconvencerse de lo contrario que le dicta su conciencia y acabará mal, lógicamente.
Queda demostrado que la conciencia es la niña mimada de cada uno. Así que a todos los que intenten ir en contra de su conciencia les recomiendo que no lo hagan, porque por mucho que prolonguen su agonía al final siempre se sale con la suya.
jueves, 30 de septiembre de 2010
La firma (7)
Anduvieron largo camino hasta que se fueron adentrando en un pequeño pueblo. Gabriel pensó que debía tratarse del pueblo de ella porque no había mucha más población en esa zona. A medida que iban acercándose al pueblo a Gabriel se le hacía todo mucho más familiar. Siguieron andando hasta que llegaron definitivamente.
- ¿Supongo que vives por aquí no?
- Sí, más o menos. En ese bloque de pisos de allí.
- Vale pues te acompaño que nunca se sabe la gentuza que puede haber por las calles.
- Pareces mis guardaespaldas… pero bueno, ya que has venido hasta aquí tampoco te vas a ir. Vente a casa y te invito a un café, aunque ya con la hora que es mejor cenamos algo.
- Bueno, no se si será lo mejor.
- Tu cita supongo… sinceramente no creo que llegues ya, son mas de las doce.
- ¿Así que ya es viernes?
- Sí, se podría decir que sí.
La chica abrió el portal y empezaron a subir las escaleras. Para ser un bloque de pisos de un pueblo tenía muchas plantas. Parecía que la chica vivía en el piso más alto. Mientras subían las escaleras Gabriel notaba algo raro. Se fijaba en todos los detalles sorprendidamente. Llegaron por fin al piso y la chica abrió la puerta. Estaba todo muy oscuro a pesar de que la chica lo primero que hizo fue dar la luz al entrar. La chica llevó a Gabriel a su habitación y este sabía lo que ocurriría si entraba ahí. A pesar de todo, no dudo en absoluto y fue con ella. Comenzaron a besarse y a quitarse la ropa. De repente, el rostro de Gabriel emblanqueció.
- ¡Un momento!
- ¿Qué ocurre?
- Yo ya he estado aquí.
- Eso no tiene sentido… tú nunca has estado en mi casa porque nos hemos conocido hoy. Y mucho menos en mi habitación…
- ¡Te digo que ya he estado aquí, y hace poco!
- Mira estas un poco nervioso, voy a ir a por un par de copas para relajarnos.
La chica fue a por las copas mientras Gabriel contemplaba la habitación con incredulidad. De pronto, sonó el teléfono. Sabía que era de mala educación contestar a las llamadas de otro, pero en ese momento sintió que debía hacerlo.
- ¿Quién es?
- Hola, le llamo de la clínica de desintoxicación. Es sobre su hermano, verá tengo que comunicarle que…
Gabriel colgó inmediatamente. Vio llegar a la chica con las dos copas y una sonrisa de oreja a oreja.
- No sabía que tenías un hermano desintoxicándose.
- ¿Pero qué dices? Yo no tengo ningún hermano desintoxicándose. De echo, no tengo hermanos.
__________________________________________________________
UNA SEMANA DESPUÉS:
- No somos nada…
- Ya, es muy triste. Vivimos para morir. Que injusticia…
- Parecía un buen tipo
- Yo también lo pienso. Era mi hermano… siempre fuimos muy distintos, pero era sangre de mi sangre. Y ahora ya no está…
- Bueno, creo que me voy a ir ya. Me esperan unos clientes.
- ¡Espera! No nos hemos presentado… soy Willy
- Encantada Willy, nos veremos pronto.
FIN
- ¿Supongo que vives por aquí no?
- Sí, más o menos. En ese bloque de pisos de allí.
- Vale pues te acompaño que nunca se sabe la gentuza que puede haber por las calles.
- Pareces mis guardaespaldas… pero bueno, ya que has venido hasta aquí tampoco te vas a ir. Vente a casa y te invito a un café, aunque ya con la hora que es mejor cenamos algo.
- Bueno, no se si será lo mejor.
- Tu cita supongo… sinceramente no creo que llegues ya, son mas de las doce.
- ¿Así que ya es viernes?
- Sí, se podría decir que sí.
La chica abrió el portal y empezaron a subir las escaleras. Para ser un bloque de pisos de un pueblo tenía muchas plantas. Parecía que la chica vivía en el piso más alto. Mientras subían las escaleras Gabriel notaba algo raro. Se fijaba en todos los detalles sorprendidamente. Llegaron por fin al piso y la chica abrió la puerta. Estaba todo muy oscuro a pesar de que la chica lo primero que hizo fue dar la luz al entrar. La chica llevó a Gabriel a su habitación y este sabía lo que ocurriría si entraba ahí. A pesar de todo, no dudo en absoluto y fue con ella. Comenzaron a besarse y a quitarse la ropa. De repente, el rostro de Gabriel emblanqueció.
- ¡Un momento!
- ¿Qué ocurre?
- Yo ya he estado aquí.
- Eso no tiene sentido… tú nunca has estado en mi casa porque nos hemos conocido hoy. Y mucho menos en mi habitación…
- ¡Te digo que ya he estado aquí, y hace poco!
- Mira estas un poco nervioso, voy a ir a por un par de copas para relajarnos.
La chica fue a por las copas mientras Gabriel contemplaba la habitación con incredulidad. De pronto, sonó el teléfono. Sabía que era de mala educación contestar a las llamadas de otro, pero en ese momento sintió que debía hacerlo.
- ¿Quién es?
- Hola, le llamo de la clínica de desintoxicación. Es sobre su hermano, verá tengo que comunicarle que…
Gabriel colgó inmediatamente. Vio llegar a la chica con las dos copas y una sonrisa de oreja a oreja.
- No sabía que tenías un hermano desintoxicándose.
- ¿Pero qué dices? Yo no tengo ningún hermano desintoxicándose. De echo, no tengo hermanos.
__________________________________________________________
UNA SEMANA DESPUÉS:
- No somos nada…
- Ya, es muy triste. Vivimos para morir. Que injusticia…
- Parecía un buen tipo
- Yo también lo pienso. Era mi hermano… siempre fuimos muy distintos, pero era sangre de mi sangre. Y ahora ya no está…
- Bueno, creo que me voy a ir ya. Me esperan unos clientes.
- ¡Espera! No nos hemos presentado… soy Willy
- Encantada Willy, nos veremos pronto.
FIN
Suscribirse a:
Entradas (Atom)