Si alguien en este planeta fuese capaz de dar una definición universal de qué es el amor todo sería más fácil. No habría conflictos entre aquellos que se aman (o creen hacerlo), ni dudas respecto a lo que es estar enamorado. Cualquiera podría dar una definición de pasión, placer e incluso del odio. Sin embargo, cuando se trata de hablar de algo tan complejo y que a veces se trata de manera tan superficial como es el amor, la cosa ya no es tan sencilla.
Ya sea por razones de ignorancia o de autoengaño, se tiende a confundir el amor con el enamoramiento. Desde mi punto de vista hay que hacer una clara distinción. El enamoramiento va necesariamente unido a la pasión y al deseo carnal por la otra persona. En la mayor parte de los casos las personas entran en la fase de enamoramiento mucho antes que en la del amor debido a que tan sólo hay un deseo de curiosidad y morbosidad. Es decir, cuando alguien nos atrae es debido a algo, ya sea su estética, su físico, su personalidad en primera estancia o porque simplemente empatas con él.
El amor es mucho más complejo. Es una fase única e irrepetible que, si es sincero, se da en escasas ocasiones. Si antes he dicho que el enamoramiento va unido a la pasión y al deseo físico, el amor tiene además de todo eso el poder de ser una maquina de sensaciones inexplicables. Los más cursis lo llaman mariposas en el estomago. Yo no me aventuro a dar una definición de cuál es el nombre de dicha (y muchas veces dichosa) sensación.
Por tanto, olvidémonos de las flechas de Cupido y seamos realistas. Uno no se enamora cada dos por tres, y cada vez que conoce a una persona que le hace gracia dice estar enamorado de ella. Si es así, entonces el amor tendría una fácil definición: la llama de una vela encendida que se apaga y se enciende continuamente. Sin embargo no es así; y menos mal.
Muchas personas basan su felicidad en tener, ser, aparentar, lograr media hora de placer y luego desaparecer… A todos aquellos que piensan que ser feliz consiste en eso les diré que se equivocan. Es cierto cuando dicen que el amor todo lo puede. Y es que es así, no hay nada más verídico que eso. ¿Qué más da que sea pobre si estoy con la persona que amo? Porque en esta vida no hay nada mejor que amar y ser amado. Ya puede estar acabándose el mundo que si amas y eres amado el resto no importa. Por cierto, hoy es 14 de febrero, feliz San Valentín.
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas" (Jean-Jacques Rousseau).
lunes, 14 de febrero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
La falsa democracia en España
Generalmente, la democracia es la forma de gobierno que mayor grado de aceptación tiene entre todos. Digo generalmente porque probablemente habrá gente que sea partidaria de dictaduras como en Cuba, prácticamente agotada ya, o de democracias ficticias, como pueda ser el caso de Venezuela. En España somos más de creernos nuestros propios sueños; o nuestras propias mentiras, según se mire, porque de tener unos cuantos derechos a vivir realmente en un sistema democrático existe una diferencia muy amplia.
Si alguien se molesta en analizar etimológicamente la palabra democracia posiblemente encuentre la primera contradicción. Democracia es una palabra griega que significa el gobierno del pueblo. Pues bien, hoy en día el gobierno y el pueblo están tan separados que sería más fácil ver al Papa en un anuncio de preservativos antes que dicha unión.
No es el pueblo quien gobierna, sino que los políticos son quienes se aprovechan del pueblo para gobernar a su antojo sin contar con ellos para nada. Si verdaderamente la democracia fuera el gobierno del pueblo no haría falta someter las leyes al Congreso, porque entonces quienes están decidiendo si se aprueba o no dicha ley no es el ciudadano sino el político. Por tanto, algo falla.
Bipartidismo y el sistema electoral
Alguien podría decir: “es que los políticos son los representantes del pueblo”. Esto no deja de ser una mentira que al haberla empleado durante tanto tiempo se ha terminado convirtiendo en verdad. Mas bien, los políticos son los mantenidos del pueblo. Me entristece tener que decir esto, pero así lo veo. De hecho, muchas veces la culpa no es solo de los políticos sino también de los propios ciudadanos, que confían en ellos con su voto a través de este supuesto sistema democrático que tenemos. Realmente, la democracia no deja de ser la tiranía de la mayoría.
Partiendo de la base de que contribuir en la democracia es ir a votar cada cuatro años, los que no votan entonces ¿no son demócratas? Algunos dicen que el voto es libertad, pero honestamente creo que es un mayor uso de libertad abstenerse de votar que votar porque toca, porque no queda otra o porque hay que hacerlo.
En los últimos años, España ha ido encaminando sus posturas políticas hacia un bipartidismo que a largo plazo (y a no tan largo) puede resultar peligroso. Dejando sueños y utopías políticas aparte, en este país solo va a ser posible que gobiernen dos partidos: PSOE o PP, y ahí se termina todo. Queda claramente demostrado que las minorías o las llamadas terceras fuerzas políticas poco tienen que hacer en España. Siendo francos, partidos como Izquierda Unida, UPyD e incluso los distintos partidos nacionalistas, que tan buenos resultados cosechan en sus elecciones autonómicas, actúan como los amigos (o enemigos, según se mire) de los dos grandes partidos. Sus aportaciones no dejan de ser meras coaliciones y apoyos para aprobar o derogar las leyes que se plantean.
Por tanto, debido al actual sistema electoral que hay en España (sistema D'Hondt) resulta muy complicado salir del bipartidismo, ya que este sistema afecta a esas terceras fuerzas políticas. Basta con mirar atrás y ver la evolución del mapa político español en los últimos tiempos. Por ejemplo, Izquierda Unida en apenas quince años ha perdido casi veinte diputados. Bien es cierto que los tiempos cambian y que los partidos tienen que adecuarse al presente (cosa que no ha hecho IU), pero ese desequilibrio de escaños de PSOE y PP con respecto al resto de partidos me lleva a pensar que el pluralismo en España ha quedado al margen.
Libertad de expresión
Pero más allá del voto, que en España no vale de mucho porque solo hay dos alternativas posibles como he citado antes, resulta más peligroso ver cómo ciertos pilares básicos de la democracia se vienen abajo. Por ejemplo, la libertad de expresión. ¿Tenemos realmente libertad de expresión en España? Hay un caso concreto que está en nuestro código penal, concretamente tipificado en los artículos 490 y 491, que impide, por así decirlo, criticar al Rey. En este país, Don Juan Carlos es intocable. Si ha hecho o no méritos para ello no es mi misión contarlo, pero lo que sí está claro es que censurar, multar o incluso condenar a alguien por ir en contra de la monarquía no es muy democrático que digamos, por mucho que esté escrito en nuestra bendita constitución. Quedará siempre el eterno debate de si la monarquía en España fue elegida democráticamente o impuesta por el régimen anterior.
Bien es cierto que no hay que confundir libertad de expresión con el insulto o el salvajismo dialéctico. Por ejemplo, el famoso caso de De Juana Chaos, condenado en 2006 a 12 años de prisión por dos artículos en el diario Gara. Escribir en un periódico que hace apología del terrorismo implica que nada bueno puede salir de ahí. Pero tener que valerse de triquiñuelas para hacer justicia, juntando en el mismo saco la condena por asesinatos con la de terrorismo dialéctico, para poder meterlo entre rejas, es aún más lamentable por parte de nuestro Poder Judicial.
La supuesta separación de poderes
La teoría de la división de poderes, que en tanto se basan las democracias del mundo, fue creada por Montesquieu y separa dichos poderes en: legislativo, ejecutivo y judicial. Según Montesquieu, esta división era la única manera de garantizar la libertad del pueblo y de evitar la tiranía. Por esta razón, esta división de poderes se lleva a cabo en las democracias. En España supuestamente también es así, pero realmente el tema no deja de plantear dudas.
Según esta teoría, los tres poderes nunca deben concentrarse en las mismas manos. Aquí encontramos la primera demostración de que en España no existe dicha separación.
El poder legislativo elabora y modifica las leyes de acuerdo con la opinión del pueblo. Más bien lo que ocurre en España es que el pueblo apenas participa en la elaboración de leyes y deja que los políticos se encarguen de todo. De ahí que muchas veces surja ese descontento social. Por otro lado, el poder ejecutivo tiene la tarea interpretar y normalizar la ley. Sin embargo, aquí tampoco se cumple que el ejecutivo sea la figura con mayor importancia, puesto que el jefe de gobierno lo es más. Por último, pero no menos importante, está el poder judicial. Este poder enerva cada vez más a los ciudadanos españoles, porque día tras día no dejamos de ver cómo la justicia está cada vez peor hecha, además de ser bastante lenta. Con respecto al poder judicial hay una cosa que resulta inquietante, y es que los jueces no son políticamente imparciales. Hay un gran número de jueces conservadores y de jueces progresistas que son, por así decirlo, puestos en su cargo por los distintos gobiernos. Esto no deja de ser sorprendente puesto que la justicia no entiende de colores ni de ideales, o por lo menos así debería ser.
¿Qué se puede hacer?
Ante esta situación de sistema medio oligárquico, lleno de prohibiciones y supuestamente democrático que se produce en España, me queda la duda de si algún día llegaremos a tener una democracia de verdad, sin injusticias y en la que se cumpla la ley sin trampa ni cartón.
Los que estamos fuera de la clase política podremos aportar alguna que otra solución para remediar este problema, ya que no estamos dentro del sistema de “chupar del frasco”. En primer lugar, veo indispensable la reforma de la constitución. Es cierto que cuando se hizo en el año 78 se hizo con la mejor voluntad del mundo para satisfacer a unos y a otros y poder salir de la dictadura. Pero eso no quita para que más de treinta años después sigamos con la misma. Frases del tipo “lo dice en la constitución” impiden el progreso social y el avance. Además, el Título X de la misma da la opción a que se reforme, por lo que lo escrito en ella no es la Biblia ni intocable.
Por otro lado habría que cambiar de arriba a abajo el código penal. Cosas como lo de Marta del Castillo no se pueden producir en un país que pretende ser democrático y justo. En mi opinión, alguien que actúa de una forma tan sanguinaria y brutal debe ser tratado como lo que es, tenga diecisiete años o cuarenta.
Seguramente, no solo haya esta especie de democracia en España, sino también en otros países vecinos nuestros. Cada país entiende la democracia a su forma, pero este modo particular de entender la nuestra me preocupa, porque me considero un patriota de verdad. A mi juicio, el patriotismo no consiste en llevar banderas y decir “qué orgulloso estoy de ser español”, sino en denunciar los males de tu país para que de una vez por todas reaccione. Quizás esté equivocado, pero es mi manera de entender el patriotismo.
[Breve ensayo sobre la democracia española]
Si alguien se molesta en analizar etimológicamente la palabra democracia posiblemente encuentre la primera contradicción. Democracia es una palabra griega que significa el gobierno del pueblo. Pues bien, hoy en día el gobierno y el pueblo están tan separados que sería más fácil ver al Papa en un anuncio de preservativos antes que dicha unión.
No es el pueblo quien gobierna, sino que los políticos son quienes se aprovechan del pueblo para gobernar a su antojo sin contar con ellos para nada. Si verdaderamente la democracia fuera el gobierno del pueblo no haría falta someter las leyes al Congreso, porque entonces quienes están decidiendo si se aprueba o no dicha ley no es el ciudadano sino el político. Por tanto, algo falla.
Bipartidismo y el sistema electoral
Alguien podría decir: “es que los políticos son los representantes del pueblo”. Esto no deja de ser una mentira que al haberla empleado durante tanto tiempo se ha terminado convirtiendo en verdad. Mas bien, los políticos son los mantenidos del pueblo. Me entristece tener que decir esto, pero así lo veo. De hecho, muchas veces la culpa no es solo de los políticos sino también de los propios ciudadanos, que confían en ellos con su voto a través de este supuesto sistema democrático que tenemos. Realmente, la democracia no deja de ser la tiranía de la mayoría.
Partiendo de la base de que contribuir en la democracia es ir a votar cada cuatro años, los que no votan entonces ¿no son demócratas? Algunos dicen que el voto es libertad, pero honestamente creo que es un mayor uso de libertad abstenerse de votar que votar porque toca, porque no queda otra o porque hay que hacerlo.
En los últimos años, España ha ido encaminando sus posturas políticas hacia un bipartidismo que a largo plazo (y a no tan largo) puede resultar peligroso. Dejando sueños y utopías políticas aparte, en este país solo va a ser posible que gobiernen dos partidos: PSOE o PP, y ahí se termina todo. Queda claramente demostrado que las minorías o las llamadas terceras fuerzas políticas poco tienen que hacer en España. Siendo francos, partidos como Izquierda Unida, UPyD e incluso los distintos partidos nacionalistas, que tan buenos resultados cosechan en sus elecciones autonómicas, actúan como los amigos (o enemigos, según se mire) de los dos grandes partidos. Sus aportaciones no dejan de ser meras coaliciones y apoyos para aprobar o derogar las leyes que se plantean.
Por tanto, debido al actual sistema electoral que hay en España (sistema D'Hondt) resulta muy complicado salir del bipartidismo, ya que este sistema afecta a esas terceras fuerzas políticas. Basta con mirar atrás y ver la evolución del mapa político español en los últimos tiempos. Por ejemplo, Izquierda Unida en apenas quince años ha perdido casi veinte diputados. Bien es cierto que los tiempos cambian y que los partidos tienen que adecuarse al presente (cosa que no ha hecho IU), pero ese desequilibrio de escaños de PSOE y PP con respecto al resto de partidos me lleva a pensar que el pluralismo en España ha quedado al margen.
Libertad de expresión
Pero más allá del voto, que en España no vale de mucho porque solo hay dos alternativas posibles como he citado antes, resulta más peligroso ver cómo ciertos pilares básicos de la democracia se vienen abajo. Por ejemplo, la libertad de expresión. ¿Tenemos realmente libertad de expresión en España? Hay un caso concreto que está en nuestro código penal, concretamente tipificado en los artículos 490 y 491, que impide, por así decirlo, criticar al Rey. En este país, Don Juan Carlos es intocable. Si ha hecho o no méritos para ello no es mi misión contarlo, pero lo que sí está claro es que censurar, multar o incluso condenar a alguien por ir en contra de la monarquía no es muy democrático que digamos, por mucho que esté escrito en nuestra bendita constitución. Quedará siempre el eterno debate de si la monarquía en España fue elegida democráticamente o impuesta por el régimen anterior.
Bien es cierto que no hay que confundir libertad de expresión con el insulto o el salvajismo dialéctico. Por ejemplo, el famoso caso de De Juana Chaos, condenado en 2006 a 12 años de prisión por dos artículos en el diario Gara. Escribir en un periódico que hace apología del terrorismo implica que nada bueno puede salir de ahí. Pero tener que valerse de triquiñuelas para hacer justicia, juntando en el mismo saco la condena por asesinatos con la de terrorismo dialéctico, para poder meterlo entre rejas, es aún más lamentable por parte de nuestro Poder Judicial.
La supuesta separación de poderes
La teoría de la división de poderes, que en tanto se basan las democracias del mundo, fue creada por Montesquieu y separa dichos poderes en: legislativo, ejecutivo y judicial. Según Montesquieu, esta división era la única manera de garantizar la libertad del pueblo y de evitar la tiranía. Por esta razón, esta división de poderes se lleva a cabo en las democracias. En España supuestamente también es así, pero realmente el tema no deja de plantear dudas.
Según esta teoría, los tres poderes nunca deben concentrarse en las mismas manos. Aquí encontramos la primera demostración de que en España no existe dicha separación.
El poder legislativo elabora y modifica las leyes de acuerdo con la opinión del pueblo. Más bien lo que ocurre en España es que el pueblo apenas participa en la elaboración de leyes y deja que los políticos se encarguen de todo. De ahí que muchas veces surja ese descontento social. Por otro lado, el poder ejecutivo tiene la tarea interpretar y normalizar la ley. Sin embargo, aquí tampoco se cumple que el ejecutivo sea la figura con mayor importancia, puesto que el jefe de gobierno lo es más. Por último, pero no menos importante, está el poder judicial. Este poder enerva cada vez más a los ciudadanos españoles, porque día tras día no dejamos de ver cómo la justicia está cada vez peor hecha, además de ser bastante lenta. Con respecto al poder judicial hay una cosa que resulta inquietante, y es que los jueces no son políticamente imparciales. Hay un gran número de jueces conservadores y de jueces progresistas que son, por así decirlo, puestos en su cargo por los distintos gobiernos. Esto no deja de ser sorprendente puesto que la justicia no entiende de colores ni de ideales, o por lo menos así debería ser.
¿Qué se puede hacer?
Ante esta situación de sistema medio oligárquico, lleno de prohibiciones y supuestamente democrático que se produce en España, me queda la duda de si algún día llegaremos a tener una democracia de verdad, sin injusticias y en la que se cumpla la ley sin trampa ni cartón.
Los que estamos fuera de la clase política podremos aportar alguna que otra solución para remediar este problema, ya que no estamos dentro del sistema de “chupar del frasco”. En primer lugar, veo indispensable la reforma de la constitución. Es cierto que cuando se hizo en el año 78 se hizo con la mejor voluntad del mundo para satisfacer a unos y a otros y poder salir de la dictadura. Pero eso no quita para que más de treinta años después sigamos con la misma. Frases del tipo “lo dice en la constitución” impiden el progreso social y el avance. Además, el Título X de la misma da la opción a que se reforme, por lo que lo escrito en ella no es la Biblia ni intocable.
Por otro lado habría que cambiar de arriba a abajo el código penal. Cosas como lo de Marta del Castillo no se pueden producir en un país que pretende ser democrático y justo. En mi opinión, alguien que actúa de una forma tan sanguinaria y brutal debe ser tratado como lo que es, tenga diecisiete años o cuarenta.
Seguramente, no solo haya esta especie de democracia en España, sino también en otros países vecinos nuestros. Cada país entiende la democracia a su forma, pero este modo particular de entender la nuestra me preocupa, porque me considero un patriota de verdad. A mi juicio, el patriotismo no consiste en llevar banderas y decir “qué orgulloso estoy de ser español”, sino en denunciar los males de tu país para que de una vez por todas reaccione. Quizás esté equivocado, pero es mi manera de entender el patriotismo.
[Breve ensayo sobre la democracia española]
viernes, 7 de enero de 2011
Sonríe (3)
- Hablas como si siempre tuvieses la razón, como si nada te importase porque tu tienes en tus palabras la verdad.
- No nos desviemos del tema. Hablábamos de que no es imposible que mi felicidad sea fingida.
- Cierto, y aún no me has explicado por qué.
- Es muy sencillo, querido. Por ejemplo, ¿podrías evitar que el agua estuviese mojada?
- No.
- ¿Y que el fuego no quemase?
- Si le echo agua encima ya no quema.
- Pero sabes perfectamente que entonces ya no sería fuego.
- Supongo que tienes razón.
- Pues de la misma manera que al agua no puede dejar de mojar y el fuego no puede dejar de quemar, deduce por qué mi felicidad no puede ser fingida.
- ¿Quién eres?
- Si a estas alturas de la conversación no lo sabes todavía me temo que ya nunca lo sabrás.
- Se quien eres, te estoy viendo. Eres la chica con la que estoy hablando, guapa, simpática y siempre risueña.
- Conoces mi apariencia exterior, pero no has sabido deducir quien soy realmente.
- ¿Y no puedes decírmelo?
- No podría definírtelo con palabras, querido. Yo no puedo descubrirte quien soy, eso ya es cuestión tuya. Si es que quieres…
FIN
- No nos desviemos del tema. Hablábamos de que no es imposible que mi felicidad sea fingida.
- Cierto, y aún no me has explicado por qué.
- Es muy sencillo, querido. Por ejemplo, ¿podrías evitar que el agua estuviese mojada?
- No.
- ¿Y que el fuego no quemase?
- Si le echo agua encima ya no quema.
- Pero sabes perfectamente que entonces ya no sería fuego.
- Supongo que tienes razón.
- Pues de la misma manera que al agua no puede dejar de mojar y el fuego no puede dejar de quemar, deduce por qué mi felicidad no puede ser fingida.
- ¿Quién eres?
- Si a estas alturas de la conversación no lo sabes todavía me temo que ya nunca lo sabrás.
- Se quien eres, te estoy viendo. Eres la chica con la que estoy hablando, guapa, simpática y siempre risueña.
- Conoces mi apariencia exterior, pero no has sabido deducir quien soy realmente.
- ¿Y no puedes decírmelo?
- No podría definírtelo con palabras, querido. Yo no puedo descubrirte quien soy, eso ya es cuestión tuya. Si es que quieres…
FIN
jueves, 30 de diciembre de 2010
Sonríe (2)
- Verás, no hay nada mas fingido que alguien que desea sonreír y sabe que va a hacerlo. Imagínate esta situación: alguien que va al cine a ver una comedia va porque tiene la intención de reírse y pasar un buen rato ¿no?
- Supongo que sí. Pero es lo normal… si alguien va a ver una comedia es porque tiene ganas de reírse.
- Por tanto ahí tienes la respuesta. Sonríes porque te apetece sonreír, pero no porque tu sonrisa sea pura.
- Pero siempre las sonrisas vienen provocadas por algo. ¡Uno no puede sonreír porque sí!
- Precisamente la sonrisa que sale sin motivo alguno es la única verdadera. No viene determinada por nada, simplemente es innata y siempre está ahí.
- Nadie sonríe sin motivo alguno. Siempre hay algo que lo provoca. Tú me cuentas un chiste y si me hace gracia me río. También puedo fingir que no me hace gracia y reírme, pero aún así ambas sonrisas estarían motivadas por algo.
- ¿Y si no te cuento ningún chiste? ¿Y si no hago nada gracioso para motivar tu sonrisa?
- ¡Entonces no sonreiría!
- Por lo que volvemos a lo que decía antes. Eres un infeliz
- Quizás tu felicidad sea fingida y no te has dado cuenta.
- Querido, me temo que eso no es posible.
CONTINUARÁ…
- Supongo que sí. Pero es lo normal… si alguien va a ver una comedia es porque tiene ganas de reírse.
- Por tanto ahí tienes la respuesta. Sonríes porque te apetece sonreír, pero no porque tu sonrisa sea pura.
- Pero siempre las sonrisas vienen provocadas por algo. ¡Uno no puede sonreír porque sí!
- Precisamente la sonrisa que sale sin motivo alguno es la única verdadera. No viene determinada por nada, simplemente es innata y siempre está ahí.
- Nadie sonríe sin motivo alguno. Siempre hay algo que lo provoca. Tú me cuentas un chiste y si me hace gracia me río. También puedo fingir que no me hace gracia y reírme, pero aún así ambas sonrisas estarían motivadas por algo.
- ¿Y si no te cuento ningún chiste? ¿Y si no hago nada gracioso para motivar tu sonrisa?
- ¡Entonces no sonreiría!
- Por lo que volvemos a lo que decía antes. Eres un infeliz
- Quizás tu felicidad sea fingida y no te has dado cuenta.
- Querido, me temo que eso no es posible.
CONTINUARÁ…
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Sonríe (1)
- ¿Y tú eres siempre tan risueña?
- ¡Pues claro!
- ¿Y cuál es tu secreto?
- No hay secreto. Es innato en mí.
- Eso no tiene sentido…
- ¿Por qué?
- Porque para sonreír hay que tener motivos… y no creo que los tengas siempre ¿no?
- No tiene que ser siempre así. Esa visión de la sonrisa la tiene la mayoría de la gente y así va el mundo.
- Explícate.
- Digamos que la gente solo se plantea sonreír en ocasiones señaladas, es decir, cuando tienen que hacerlo. Entonces todo eso lleva a que la sonrisa o la propia risa deja de ser real.
- ¿Y no sería más bien al contrario? Sonreír con motivo alguno implica una sonrisa verdadera.
- Querido, tienes la misma percepción de la sonrisa que todos los infelices.
- ¡Yo no soy un infeliz! Como sabes que he tumbado tu argumento ahora te inventas eso, pero no es cierto.
- Para nada. Te diré, aunque te duela saberlo, que no me has tumbado mi argumento. ¿Tú opinas que para sonreír hay que tener algún motivo aparente no?
- Sí
- Pues entonces tu sonrisa está siendo inconscientemente forzada.
- ¿Y eso por qué?
CONTINUARÁ…
- ¡Pues claro!
- ¿Y cuál es tu secreto?
- No hay secreto. Es innato en mí.
- Eso no tiene sentido…
- ¿Por qué?
- Porque para sonreír hay que tener motivos… y no creo que los tengas siempre ¿no?
- No tiene que ser siempre así. Esa visión de la sonrisa la tiene la mayoría de la gente y así va el mundo.
- Explícate.
- Digamos que la gente solo se plantea sonreír en ocasiones señaladas, es decir, cuando tienen que hacerlo. Entonces todo eso lleva a que la sonrisa o la propia risa deja de ser real.
- ¿Y no sería más bien al contrario? Sonreír con motivo alguno implica una sonrisa verdadera.
- Querido, tienes la misma percepción de la sonrisa que todos los infelices.
- ¡Yo no soy un infeliz! Como sabes que he tumbado tu argumento ahora te inventas eso, pero no es cierto.
- Para nada. Te diré, aunque te duela saberlo, que no me has tumbado mi argumento. ¿Tú opinas que para sonreír hay que tener algún motivo aparente no?
- Sí
- Pues entonces tu sonrisa está siendo inconscientemente forzada.
- ¿Y eso por qué?
CONTINUARÁ…
domingo, 21 de noviembre de 2010
Ni perdón ni olvido
La venganza es el lado más oscuro y a la vez innato que todo ser humano tiene. Sería de necios creer a todos aquellos que van predicando con el ejemplo de poner la otra mejilla. Esos que tan buena cara ponen siempre y que están abiertos a todo tipo de entendimiento son los primeros que a la mínima no cumplen con lo predicado. Por tanto, seamos sinceros de una vez y admitamos que la venganza es uno de los pocos placeres que el ser humano ha inventado para ocultar o intentar remediar sus miserias. Pero puesto que la venganza es un placer, también es limitado. Todo placer es momentáneo y cuando acaba tan solo queda el recuerdo, que en este caso es el rencor.
Tenía razón Borges cuando dijo que el olvido es la única venganza y el único perdón. Desde el punto de vista del rencoroso, esta frase es tan inexistente como la presencia de un gato en una perrera. El rencoroso no concibe la idea del olvido y por eso tiene que justificarse en la venganza para reposar toda su mísera existencia. Es más patético aquel que no olvida que aquel que necesita ser olvidado.
Claro está que olvidar es imposible. No por rencores ni por odios, sino por el simple hecho de que tenemos cerebro y eso nos hace recordar. Esta capacidad de recordar nos transporta a un martirio constante que tenemos que justificar con el rencor. Me atrevería a decir que el rencor es peor que la venganza. Al fin y al cabo, la venganza tan solo es la culminación de todo el odio acumulado por una situación determinada y que tiene que salir por algún sitio porque sino explota. Metafóricamente hablando, la venganza es el adulterio del rencor. Sin entrar a hablar de infidelidades porque no es el tema a tratar hoy, el hecho de que alguien ponga los cuernos a su pareja es generalmente la culminación de un montón de rencores.
No es nada malo, simplemente es parte del ser. Lo que no podemos hacer es ver lo blanco negro y engañarnos pensando que tenemos la capacidad de perdonar. Nadie, absolutamente nadie tiene el don de perdonar. Acabo de terminar con uno de los pilares básicos del cristianismo, perdonar y ser perdonado. La propia religión es la primera que lleva siglos engañándose sobre el perdón. No se puede perdonar por el simple hecho de que no se puede olvidar. Solo un amnésico tendría la capacidad de perdón verdadero. Se empieza a perdonar cuando se termina de olvidar.
Tenía razón Borges cuando dijo que el olvido es la única venganza y el único perdón. Desde el punto de vista del rencoroso, esta frase es tan inexistente como la presencia de un gato en una perrera. El rencoroso no concibe la idea del olvido y por eso tiene que justificarse en la venganza para reposar toda su mísera existencia. Es más patético aquel que no olvida que aquel que necesita ser olvidado.
Claro está que olvidar es imposible. No por rencores ni por odios, sino por el simple hecho de que tenemos cerebro y eso nos hace recordar. Esta capacidad de recordar nos transporta a un martirio constante que tenemos que justificar con el rencor. Me atrevería a decir que el rencor es peor que la venganza. Al fin y al cabo, la venganza tan solo es la culminación de todo el odio acumulado por una situación determinada y que tiene que salir por algún sitio porque sino explota. Metafóricamente hablando, la venganza es el adulterio del rencor. Sin entrar a hablar de infidelidades porque no es el tema a tratar hoy, el hecho de que alguien ponga los cuernos a su pareja es generalmente la culminación de un montón de rencores.
No es nada malo, simplemente es parte del ser. Lo que no podemos hacer es ver lo blanco negro y engañarnos pensando que tenemos la capacidad de perdonar. Nadie, absolutamente nadie tiene el don de perdonar. Acabo de terminar con uno de los pilares básicos del cristianismo, perdonar y ser perdonado. La propia religión es la primera que lleva siglos engañándose sobre el perdón. No se puede perdonar por el simple hecho de que no se puede olvidar. Solo un amnésico tendría la capacidad de perdón verdadero. Se empieza a perdonar cuando se termina de olvidar.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Typical Spanish
(Antes de nada, esta entrada del blog ha sido publicada hoy en una pagina web de la que soy colaborador, www.elpatibulo.es. Será la primera y última vez que publique algo en este blog que también haya publicado en la otra web)
Señores, bienvenidos a España. Ese país que tanto destaca por su sol, su buena comida, sus guapas mujeres y por su amplio grado de paletismo. ¿Paletismo? Sí, eso he dicho. Somos los líderes indiscutibles del cachondeo y la juerga, y parece que eso nos mantiene felices. Un país en donde la única ley que se cumple al cien por cien es la del mínimo esfuerzo. Tenemos un nivel cultural tan elevado que contemplamos el toreo como una magnifica obra de arte. Aunque dicho sea de paso, también somos muy sensibles, ya que nos quedamos anonadados cada vez que hay una cornada. Claro, es que ponerse delante de un toro no solo es un arte sino un completo acto de cordura. ¡Faltaría mas!
Pero ante todo, tenemos claro quienes son nuestros líderes. Mientras Zapatero y Rajoy parecen no ponerse de acuerdo ni en que la leche es blanca, Belén Esteban escala posiciones en su carrera hacia la Moncloa. No solo conseguiría cinco escaños en el congreso (cuatro más que Rosa Díez en las últimas elecciones generales) sino que ya le hacen su propio Tengo una pregunta para usted. Quién sabe, a lo mejor esta mujer tiene la solución para salir de la crisis económica y no la estamos tomando en serio.
Todo esto me lleva a pensar que desgraciadamente el paletismo ha dado un golpe de estado en nuestras calles. Hemos llegado un momento en que, por lo menos, merece una reflexión ver que somos un país que solo ejercita el patriotismo sincero cuando juega la Selección.
Definitivamente, y en esto creo que todos coincidimos, España es diferente. Todavía no se si eso es bueno o malo.
¿Y todo este sarcasmo? No es sarcasmo, es la realidad. Además ¿quién habló de sarcasmo en esta web?
Señores, bienvenidos a España. Ese país que tanto destaca por su sol, su buena comida, sus guapas mujeres y por su amplio grado de paletismo. ¿Paletismo? Sí, eso he dicho. Somos los líderes indiscutibles del cachondeo y la juerga, y parece que eso nos mantiene felices. Un país en donde la única ley que se cumple al cien por cien es la del mínimo esfuerzo. Tenemos un nivel cultural tan elevado que contemplamos el toreo como una magnifica obra de arte. Aunque dicho sea de paso, también somos muy sensibles, ya que nos quedamos anonadados cada vez que hay una cornada. Claro, es que ponerse delante de un toro no solo es un arte sino un completo acto de cordura. ¡Faltaría mas!
Pero ante todo, tenemos claro quienes son nuestros líderes. Mientras Zapatero y Rajoy parecen no ponerse de acuerdo ni en que la leche es blanca, Belén Esteban escala posiciones en su carrera hacia la Moncloa. No solo conseguiría cinco escaños en el congreso (cuatro más que Rosa Díez en las últimas elecciones generales) sino que ya le hacen su propio Tengo una pregunta para usted. Quién sabe, a lo mejor esta mujer tiene la solución para salir de la crisis económica y no la estamos tomando en serio.
Todo esto me lleva a pensar que desgraciadamente el paletismo ha dado un golpe de estado en nuestras calles. Hemos llegado un momento en que, por lo menos, merece una reflexión ver que somos un país que solo ejercita el patriotismo sincero cuando juega la Selección.
Definitivamente, y en esto creo que todos coincidimos, España es diferente. Todavía no se si eso es bueno o malo.
¿Y todo este sarcasmo? No es sarcasmo, es la realidad. Además ¿quién habló de sarcasmo en esta web?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)