domingo, 10 de abril de 2011

Tú mandas

No cedas nunca. Siempre piensa que los locos son ellos. Lo que yo opino es lo que vale y el resto me da igual. No importa el daño que puedas hacer porque ya te han hecho suficiente y tu debes mucho más. No te pongas en el lugar del otro porque necesita un psicólogo y no sabe lo que dice. ¡Está loco! ¿O está pasando un mal momento? Que va, está como una regadera… No tengas esperanzas en algo que piensas que está condenado a la destrucción. Yo se lo que hago. Yo controlo. No tengo problemas porque se que está ahí. Es tonto. ¿Por qué se enfada por tonterías? Quizás no son tonterías… ¡pero que estoy diciendo, claro que lo son! ¡Son tonterías! Son tonterías porque yo lo pienso así. Yo jamás me pondría así por eso. Yo… yo, soy yo. Yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo. SOY YO. Y yo controlo. Recuerdalo siempre porque así funcionan las cosas.

viernes, 8 de abril de 2011

En Re Menor

¿Cómo definir este acorde? Es el más triste, nostálgico, solitario y sin remedio que se puede hacer con seis cuerdas. Aún así tiene algo que engancha y siempre suena agradable por muy pasteloso que pueda parecer. No se si el que me lee (si es que alguien lo hace) sabrá cómo suena un re menor, pero si alguien quiere viajar alguna vez a lo más profundo de su ser, le recomiendo que alguna vez se detenga en escucharlo. ¿Pero qué loco puede “alucinar” con un re menor teniendo LSD?

Hay veces en que la vida misma es re menor. ¡Primavera! El sol, que llevaba tiempo castigado entre las nubes, por fin sale con asiduidad. Y lo más importante: las flores. Ellas también están en re menor. Que curioso… las hay de todos los colores y todas están en ese maldito acorde. No tiene mucho sentido. Lo que se ve en el exterior no se refleja en el interior. A fuera hay un montón de colores, olores a cual más agradable y sonrisas.

Las flores sonríen, pero tú no sonríes a las flores. ¡Pobres flores! Ellas no te han hecho nada, se limitan a estar ahí sin hacerte nada malo. Estoy seguro de que solo quieren la felicidad para ti y tú solo las miras como lo que son, simples flores que en otoño se irán de vacaciones. Es el problema de ver a las flores en re menor, que por muy bonitas que sean, tu las ves a todas de color gris. Ni siquiera negro ya, sino gris.

Tumbado entre ellas, el viento sopla y también suena en re menor. Esto si que es ya de ir a la psicóloga. ¿Pero quién es ella para decirme que el viento no suena en re menor? No estoy loco. Se lo que digo y que el resto no lo entienda me da igual. Por lo menos escucho el re menor, cosa que ellos no son capaces de hacer. Ni siquiera quien parecía estar también en re menor lo está ya. Estoy solo con él. Allá donde voy me acompaña. Nadie está solo si le acompaña la soledad, apodada re menor. Veo los días en re menor. Quizás algún día la vea en re mayor (quien sepa como suena le resultará todo lo contrario al menor) Mientras tanto, ahí estás.

lunes, 28 de marzo de 2011

Alipori

Ser, tener, conseguir, lograr, aparentar, hacer, impresionar, llegar a, etc. Todos estos verbos cada vez me resultan más insoportables e indigeribles. Alguna que otra vez me he adentrado en lugares que parecen que tu simple presencia en ellos te va a provocar un chispazo interno que te llevará a la destrucción. Miradas verdaderamente matadoras de personas que ni si quiera conocen ni entienden nada. Gestos, detalles que en un principio pueden parecer insignificantes, pero que al meditarlos lo único que me producen es alipori (vergüenza ajena en latín).

Si a todos aquellos que se creen algo por tener más que los demás y pertenecer a un estatus social alto les diera por preguntarse “¿qué soy yo en este mundo?” probablemente tendrían el mismo sentimiento de alipori que yo. Pero más allá de las cosas materiales que se tengan hay algo que me provoca mucha más tristeza: insignificancia. Seguramente no todos los que sean ricos, por decirlo de alguna forma, sean miserables de espíritu. Algún ricachón bueno habrá; por eso, dejemos a un lado las cosas materiales que al fin y al cabo simplemente son eso, cosas.

La insignificancia es uno de los sentimientos que más machacante puede llegar a ser. Al principio de todo nadie es insignificante porque eres nuevo. Lo novedoso jamás es insignificante por muy malo que sea. De hecho, queda sobradamente demostrado que muchas veces cuanto peor, mejor. En ese sentido y por muy mal que caiga a todos, Lenin no estaba desencaminado. Si el concepto comienzo fuese una persona, todos la envidiaríamos ya que toda la atención estaría centrada en ella. Afortunadamente, el comienzo no es alguien de carne y hueso; y digo afortunadamente porque la acabaríamos despellejando entre todos.

Que alguien eclipsado por el dinero te muestre su insignificancia es todavía entendible porque está bajo los efectos de la apariencia. Pero que gente que aparentemente es sana de mente también lo haga, daña más que un espadazo en el centro del corazón. Nadie es quien para adoptar una postura de superioridad ante otro. Nadie es quien para mostrar insignificancia ante otro. Nadie es quien para creerse más. Nadie es quien para pensar “es que soy yo, y yo puedo”. Nadie puede decir que “nadie no puede hacer tal cosa”, como estoy haciendo yo ahora mismo. Tú no eres nada, que te quede claro. No eres nadie sin los demás (entre los cuales estoy yo también). Yo no soy nada. No soy nada sin ti.

lunes, 21 de marzo de 2011

Monarquía vs República

Suele decirse que con el tiempo las cosas se pueden analizar con mayor frialdad y objetividad. En el caso que me propongo tratar, la continuidad de la monarquía en España, ya ha pasado tiempo suficiente no sólo para reflexionar sobre ello sino también para plantearse a fondo el tema. Pero ante todo, conviene subrayar que estas líneas que van a ser escritas no son ni una tesis a favor de una forma de gobierno u otra, ni una crítica a la monarquía española; simplemente son cuestiones que yo me planteo acerca este curioso árbol con ramas dispersas llamado España.


Racionalidad política
Si partimos de la base de que la razón juega un papel importante dentro de la política, y por tanto, también dentro de los propios sistemas de gobierno, la monarquía es un sistema completamente irracional. En una forma de gobierno monárquica, lo que importa no es la decisión del pueblo o del propio individuo, sino la suerte. El rey, a no ser que las circunstancias lo eviten, ya nace siéndolo. Es decir, al ser una cuestión de sucesión no interviene en ningún momento la razón, sino que por propia herencia familiar ya asume el cargo de jefe de Estado. Por esta misma razón es un sistema irracional, ya que en ningún momento interviene la voluntad y el juicio del pueblo. Ya no solo porque no participen los ciudadanos, sino que dentro del propio sistema monárquico tampoco existe racionalidad alguna. La monarquía parte de la base de que el jefe de la tribu, por llamarlo de alguna manera, ya viene dado y aceptado de antemano. De ahí a que internamente sea un sistema impuesto entre los propios que lo conforman.


Pero yendo a un aspecto de mucha más importancia para el hombre, la monarquía puede ser o no un sistema con libertades. Ahora mismo estamos acostumbrados al sistema de monarquía parlamentaria, que es el que existe en España, pero también existen otros tipos de monarquías que no son precisamente democráticos como pueda ser el absolutismo. Por otro lado, en las monarquías híbridas el monarca no tiene el completo poder pero si dispone de una gran influencia política. En España, la monarquía parlamentaria aplica la famosa frase “el rey reina pero no gobierna”. Esto no deja de ser otra irracionalidad más porque un jefe de Estado no puede caracterizarse por estar al margen y dedicarse únicamente a funciones representativas.

¿Cuál es la conclusión de los distintos tipos de monarquías? A mi juicio, la monarquía absoluta, desde el punto de vista político, tiene algo de sentido. La monarquía híbrida no deja de ser un absolutismo camuflado en un supuesto sistema parlamentario. Pero sin duda alguna, la monarquía parlamentaria es el sistema más irracional ya que, en términos metafóricos, es como un humorista que no hace gracia ¿se le podría llamar humorista?


Monárquico no, Juancarlista
Es uno de los argumentos que muchas personas dan para defender la monarquía en este país. En un principio puede parecer un razonamiento un tanto extraño porque si Juan Carlos I es el Rey de España, y el rey es el mandamás de la monarquía, entonces todos aquellos que se consideran Juancarlistas ¿no deberían ser por lógica pura monárquicos? Solo encuentro una explicación medianamente coherente a esto: la monarquía en España no ha venido dada por un sistema de sucesión hereditaria, sino por imposición de un dictador militar cuyos propósitos no eran precisamente los que llevó a cabo Don Juan Carlos. De ahí a que mucha gente valore al rey por haber dado el paso a esta supuesta democracia que tenemos hoy en día y no haberse convertido en Franco 2.


Otro posible razonamiento sería el miedo o rechazo al concepto de república que hay en España. Cuando millones de españoles ven en el rey un sinónimo de estabilidad, calma y tranquilidad social es precisamente porque la monarquía parlamentaria está al margen de todo tipo de controversia o decisión que pueda manchar su imagen. La palabra república en España huele a viejo y hace recordar ciertas cosas de nuestra historia que no agradan, por lo que el cerebro humano español opta por lo fácil: una forma de gobierno la cual se esté quieta. Esto es algo que si verdaderamente queremos avanzar debería corregirse. La república no es más que otro sistema de gobierno. Ni debería asociarse con la extrema izquierda, ni con la persecución católica, ni con nada de eso. Pero lamentablemente pueden más los errores del pasado que un planteamiento racional del futuro.


Rinoceritis española
Resumiendo el concepto de rinoceritis, el cual consiste en que el hombre a base de hacer algo habitualmente lo termina viendo normal cuando en realidad es una locura (rinocerontes paseando como Pedro por su casa por las calles), llego a la conclusión de que algo muy similar ha ocurrido con la monarquía en España. Salvando las distancias entre la esquizofrenia que sería aceptar como normal ver a rinocerontes campando a sus anchas por la calle, la monarquía ha alcanzado un nivel de aceptación espectacular.


Hablando en términos publicitarios, la sociedad ve como normal y hasta apetecible el producto que nos ofrecen. Es decir, la oferta de “llévese una democracia con monarquía impuesta” ha sido aceptada sin ningún tipo de reflexión. Incluso gran parte de los intelectuales justifican esto como un pack democrático.
Está claro que poniéndonos en contexto, lo mejor para todos era acceder y en ese sentido lo veo una postura inteligente, pero no deja de ser sorprendente cómo se ha aceptado la situación.



El futuro depende del pueblo
Con todo lo que ha llovido desde 1978 cabe plantearse lo siguiente: ¿es el momento de cambiar el sistema? Siendo realistas, dentro de poco habrá una sucesión en la corona, el rey abdicará y su hijo le sustituirá. La cuestión no es si Felipe está suficientemente capacitado para ejercer el cargo. De hecho, esa inquietud es, si se me permite, un poco absurda porque en un sistema en el que el rey reina pero no gobierna no es necesaria una alta capacidad de mando.

Muchos piensan que España le debe mucho a Juan Carlos y que sin su actuación habría sido imposible dar el paso a la democracia. Yo, sin ser precisamente un gran admirador de la monarquía, aprecio su labor y creo que hizo lo correcto. Demostró patriotismo y coherencia. Por tanto, hasta ahí se puede considerar como aceptable la figura del rey ya que ha hecho algo por todos. Pero el hecho de tener que aceptar a un sucesor simplemente porque ya viene estipulado así no deja de molestarme. ¿Qué ha hecho Felipe (que por lejano que suene, será el rey de España) para merecer ser el jefe de Estado? Es el hijo del rey, y por ello hay que aceptarlo, pero no por eso dejaremos de opinar y juzgarlo cada uno a nuestra forma.


Lo más racional y que a la vez sería un gesto de madurez democrática sería proponer un referéndum orientativo para saber qué opinan los españoles. Digo referéndum orientativo porque no se trata de hacerlo para cambiar el sistema de la noche a la mañana, sino para conocer la visión del pueblo. Con el resultado de dicha encuesta nacional entonces ya se podría actuar en consecuencia. ¿Es esto un guiño al sistema republicano y en consecuencia a la Tercera República española? No. Únicamente es un planteamiento político y social más. Que nadie se escandalice, porque lo que yo opine sobre cual es la mejor forma de gobierno a nadie le interesa. Y si así fuese, vivo en un país libre en el que puedo tener
mis propias ideas. Porque es así ¿no?

viernes, 18 de marzo de 2011

Pasotismo

La falta de compromiso social de los jóvenes se podría definir con una palabra mucho más accesible para todos, sobre todo para los propios jóvenes: pasotismo.
Yo me considero un auténtico pasota, pero eso no quiere decir que no me interese la sociedad. Precisamente porque soy un pasota, no me creo prácticamente nada de lo que proponen y cuentan las instituciones.

Según las estadísticas, a los jóvenes nos interesa poco la política. Pues bien, yo debo de ser uno de los raros a los que sí le interesa. Pero más allá de interesarme, me preocupa. Me inquieta el rumbo que toma la política y cómo se infecta de intereses partidistas. También se dice que hoy en día no existen ideologías sino que es todo economía pura y dura; estoy totalmente de acuerdo. Las ideologías quedaron atrás, allá por el siglo XIX y parte del XX. Lo que hay ahora son todo puros sistemas económicos y a la gente le importa poco cómo se hagan las cosas si su bien estar no se va a ver afectado. Es decir, ojos que no ven corazón que no siente.

Algo que está claro es que el mundo en general carece de líderes. En el fondo todos buscamos alguien a quien seguir, ya bien sea el Dios ya creado o el que cada uno crea para sí mismo, un padre, un amigo, un músico, un actor, un poeta, etc. Esto define perfectamente el vacío que vive la sociedad en general. Este vacío afecta en mayor medida a los jóvenes y se hace más hincapié en que tienen poco compromiso social porque de ellos se esperan más cosas. Es decir, el joven, al contrario que el jubilado, no puede estar quieto. Tiene que innovar, cambiar y revolucionar el mundo, y esa es su misión como joven que es. Por eso me molesta en exceso ver como muchos ni tienen expectativas o ni si quiera ilusión por nada. La sensación que me da es que parece que les cuesta moverse.

Esto tiene una explicación sencilla: ¿qué tiene que revolucionar hoy en día la juventud si lo tiene ya todo hecho? El tenerlo todo al alcance de la mano sin haber movido un dedo ha propiciado una juventud cada vez más acomodada, que sólo piensa en sí misma y que poco le interesa lo que pase más allá de sus narices. Sería fácil culpar de este fenómeno llamado pasotismo a los padres. Es cierto que algo de culpa pueden tener por haber sido con ellos más flexibles de lo que ellos mismos fueron tratados en su juventud, pero los padres tampoco están en las mentes de sus hijos. Por tanto, no sería justo culpar a los padres del pasotismo de los jóvenes.

El problema es que a los jóvenes se les ha dado la mano y han tomado el brazo. Al ver que todo es fácil y accesible se han olvidado del verdadero valor de las cosas y de la satisfacción de lograr cosas por su propio esfuerzo. Por eso creo que esta crisis económica puede tener su lado positivo, ya que nos hará bajar de la nube para chocarnos de frente con el muro de la realidad. Tener que vivir peor que antes motivará un cambio y hará progresar a la juventud y a la sociedad en general. O por lo menos eso espero.

lunes, 14 de febrero de 2011

¿La quieres? ¡Pues ya está!

Si alguien en este planeta fuese capaz de dar una definición universal de qué es el amor todo sería más fácil. No habría conflictos entre aquellos que se aman (o creen hacerlo), ni dudas respecto a lo que es estar enamorado. Cualquiera podría dar una definición de pasión, placer e incluso del odio. Sin embargo, cuando se trata de hablar de algo tan complejo y que a veces se trata de manera tan superficial como es el amor, la cosa ya no es tan sencilla.

Ya sea por razones de ignorancia o de autoengaño, se tiende a confundir el amor con el enamoramiento. Desde mi punto de vista hay que hacer una clara distinción. El enamoramiento va necesariamente unido a la pasión y al deseo carnal por la otra persona. En la mayor parte de los casos las personas entran en la fase de enamoramiento mucho antes que en la del amor debido a que tan sólo hay un deseo de curiosidad y morbosidad. Es decir, cuando alguien nos atrae es debido a algo, ya sea su estética, su físico, su personalidad en primera estancia o porque simplemente empatas con él.

El amor es mucho más complejo. Es una fase única e irrepetible que, si es sincero, se da en escasas ocasiones. Si antes he dicho que el enamoramiento va unido a la pasión y al deseo físico, el amor tiene además de todo eso el poder de ser una maquina de sensaciones inexplicables. Los más cursis lo llaman mariposas en el estomago. Yo no me aventuro a dar una definición de cuál es el nombre de dicha (y muchas veces dichosa) sensación.

Por tanto, olvidémonos de las flechas de Cupido y seamos realistas. Uno no se enamora cada dos por tres, y cada vez que conoce a una persona que le hace gracia dice estar enamorado de ella. Si es así, entonces el amor tendría una fácil definición: la llama de una vela encendida que se apaga y se enciende continuamente. Sin embargo no es así; y menos mal.

Muchas personas basan su felicidad en tener, ser, aparentar, lograr media hora de placer y luego desaparecer… A todos aquellos que piensan que ser feliz consiste en eso les diré que se equivocan. Es cierto cuando dicen que el amor todo lo puede. Y es que es así, no hay nada más verídico que eso. ¿Qué más da que sea pobre si estoy con la persona que amo? Porque en esta vida no hay nada mejor que amar y ser amado. Ya puede estar acabándose el mundo que si amas y eres amado el resto no importa. Por cierto, hoy es 14 de febrero, feliz San Valentín.

martes, 25 de enero de 2011

La falsa democracia en España

Generalmente, la democracia es la forma de gobierno que mayor grado de aceptación tiene entre todos. Digo generalmente porque probablemente habrá gente que sea partidaria de dictaduras como en Cuba, prácticamente agotada ya, o de democracias ficticias, como pueda ser el caso de Venezuela. En España somos más de creernos nuestros propios sueños; o nuestras propias mentiras, según se mire, porque de tener unos cuantos derechos a vivir realmente en un sistema democrático existe una diferencia muy amplia.

Si alguien se molesta en analizar etimológicamente la palabra democracia posiblemente encuentre la primera contradicción. Democracia es una palabra griega que significa el gobierno del pueblo. Pues bien, hoy en día el gobierno y el pueblo están tan separados que sería más fácil ver al Papa en un anuncio de preservativos antes que dicha unión.

No es el pueblo quien gobierna, sino que los políticos son quienes se aprovechan del pueblo para gobernar a su antojo sin contar con ellos para nada. Si verdaderamente la democracia fuera el gobierno del pueblo no haría falta someter las leyes al Congreso, porque entonces quienes están decidiendo si se aprueba o no dicha ley no es el ciudadano sino el político. Por tanto, algo falla.



Bipartidismo y el sistema electoral

Alguien podría decir: “es que los políticos son los representantes del pueblo”. Esto no deja de ser una mentira que al haberla empleado durante tanto tiempo se ha terminado convirtiendo en verdad. Mas bien, los políticos son los mantenidos del pueblo. Me entristece tener que decir esto, pero así lo veo. De hecho, muchas veces la culpa no es solo de los políticos sino también de los propios ciudadanos, que confían en ellos con su voto a través de este supuesto sistema democrático que tenemos. Realmente, la democracia no deja de ser la tiranía de la mayoría.

Partiendo de la base de que contribuir en la democracia es ir a votar cada cuatro años, los que no votan entonces ¿no son demócratas? Algunos dicen que el voto es libertad, pero honestamente creo que es un mayor uso de libertad abstenerse de votar que votar porque toca, porque no queda otra o porque hay que hacerlo.

En los últimos años, España ha ido encaminando sus posturas políticas hacia un bipartidismo que a largo plazo (y a no tan largo) puede resultar peligroso. Dejando sueños y utopías políticas aparte, en este país solo va a ser posible que gobiernen dos partidos: PSOE o PP, y ahí se termina todo. Queda claramente demostrado que las minorías o las llamadas terceras fuerzas políticas poco tienen que hacer en España. Siendo francos, partidos como Izquierda Unida, UPyD e incluso los distintos partidos nacionalistas, que tan buenos resultados cosechan en sus elecciones autonómicas, actúan como los amigos (o enemigos, según se mire) de los dos grandes partidos. Sus aportaciones no dejan de ser meras coaliciones y apoyos para aprobar o derogar las leyes que se plantean.

Por tanto, debido al actual sistema electoral que hay en España (sistema D'Hondt) resulta muy complicado salir del bipartidismo, ya que este sistema afecta a esas terceras fuerzas políticas. Basta con mirar atrás y ver la evolución del mapa político español en los últimos tiempos. Por ejemplo, Izquierda Unida en apenas quince años ha perdido casi veinte diputados. Bien es cierto que los tiempos cambian y que los partidos tienen que adecuarse al presente (cosa que no ha hecho IU), pero ese desequilibrio de escaños de PSOE y PP con respecto al resto de partidos me lleva a pensar que el pluralismo en España ha quedado al margen.



Libertad de expresión

Pero más allá del voto, que en España no vale de mucho porque solo hay dos alternativas posibles como he citado antes, resulta más peligroso ver cómo ciertos pilares básicos de la democracia se vienen abajo. Por ejemplo, la libertad de expresión. ¿Tenemos realmente libertad de expresión en España? Hay un caso concreto que está en nuestro código penal, concretamente tipificado en los artículos 490 y 491, que impide, por así decirlo, criticar al Rey. En este país, Don Juan Carlos es intocable. Si ha hecho o no méritos para ello no es mi misión contarlo, pero lo que sí está claro es que censurar, multar o incluso condenar a alguien por ir en contra de la monarquía no es muy democrático que digamos, por mucho que esté escrito en nuestra bendita constitución. Quedará siempre el eterno debate de si la monarquía en España fue elegida democráticamente o impuesta por el régimen anterior.

Bien es cierto que no hay que confundir libertad de expresión con el insulto o el salvajismo dialéctico. Por ejemplo, el famoso caso de De Juana Chaos, condenado en 2006 a 12 años de prisión por dos artículos en el diario Gara. Escribir en un periódico que hace apología del terrorismo implica que nada bueno puede salir de ahí. Pero tener que valerse de triquiñuelas para hacer justicia, juntando en el mismo saco la condena por asesinatos con la de terrorismo dialéctico, para poder meterlo entre rejas, es aún más lamentable por parte de nuestro Poder Judicial.



La supuesta separación de poderes

La teoría de la división de poderes, que en tanto se basan las democracias del mundo, fue creada por Montesquieu y separa dichos poderes en: legislativo, ejecutivo y judicial. Según Montesquieu, esta división era la única manera de garantizar la libertad del pueblo y de evitar la tiranía. Por esta razón, esta división de poderes se lleva a cabo en las democracias. En España supuestamente también es así, pero realmente el tema no deja de plantear dudas.

Según esta teoría, los tres poderes nunca deben concentrarse en las mismas manos. Aquí encontramos la primera demostración de que en España no existe dicha separación.

El poder legislativo elabora y modifica las leyes de acuerdo con la opinión del pueblo. Más bien lo que ocurre en España es que el pueblo apenas participa en la elaboración de leyes y deja que los políticos se encarguen de todo. De ahí que muchas veces surja ese descontento social. Por otro lado, el poder ejecutivo tiene la tarea interpretar y normalizar la ley. Sin embargo, aquí tampoco se cumple que el ejecutivo sea la figura con mayor importancia, puesto que el jefe de gobierno lo es más. Por último, pero no menos importante, está el poder judicial. Este poder enerva cada vez más a los ciudadanos españoles, porque día tras día no dejamos de ver cómo la justicia está cada vez peor hecha, además de ser bastante lenta. Con respecto al poder judicial hay una cosa que resulta inquietante, y es que los jueces no son políticamente imparciales. Hay un gran número de jueces conservadores y de jueces progresistas que son, por así decirlo, puestos en su cargo por los distintos gobiernos. Esto no deja de ser sorprendente puesto que la justicia no entiende de colores ni de ideales, o por lo menos así debería ser.



¿Qué se puede hacer?

Ante esta situación de sistema medio oligárquico, lleno de prohibiciones y supuestamente democrático que se produce en España, me queda la duda de si algún día llegaremos a tener una democracia de verdad, sin injusticias y en la que se cumpla la ley sin trampa ni cartón.

Los que estamos fuera de la clase política podremos aportar alguna que otra solución para remediar este problema, ya que no estamos dentro del sistema de “chupar del frasco”. En primer lugar, veo indispensable la reforma de la constitución. Es cierto que cuando se hizo en el año 78 se hizo con la mejor voluntad del mundo para satisfacer a unos y a otros y poder salir de la dictadura. Pero eso no quita para que más de treinta años después sigamos con la misma. Frases del tipo “lo dice en la constitución” impiden el progreso social y el avance. Además, el Título X de la misma da la opción a que se reforme, por lo que lo escrito en ella no es la Biblia ni intocable.
Por otro lado habría que cambiar de arriba a abajo el código penal. Cosas como lo de Marta del Castillo no se pueden producir en un país que pretende ser democrático y justo. En mi opinión, alguien que actúa de una forma tan sanguinaria y brutal debe ser tratado como lo que es, tenga diecisiete años o cuarenta.

Seguramente, no solo haya esta especie de democracia en España, sino también en otros países vecinos nuestros. Cada país entiende la democracia a su forma, pero este modo particular de entender la nuestra me preocupa, porque me considero un patriota de verdad. A mi juicio, el patriotismo no consiste en llevar banderas y decir “qué orgulloso estoy de ser español”, sino en denunciar los males de tu país para que de una vez por todas reaccione. Quizás esté equivocado, pero es mi manera de entender el patriotismo.



[Breve ensayo sobre la democracia española]