Somos bichos. Tendemos a juntarnos con quien nos parecemos, con quien nos identificamos y en definitiva, con quien nos hace justificar toda nuestra basura interior. No es más que un apoyo. Jamás un perro se juntará con un gato. Aunque la cosa cambia si el gato tiene algo de perro o el perro algo de gato.
Es un acto de cobardía plantearse no estar con otro bicho por el simple hecho de que sea todo lo contrario del otro. Como el agua y el aceite. Pero en el fondo es así de triste. Por muy “progres” que nos creamos, todos tenemos un nazismo interno que nos impide avanzar más allá de nuestro propio muro.
Lo fácil es seguir siendo gregarios. Salir cuando toca, entrar cuando toca, estar con la gente que toca y hacer las cosas que tocan. Las cosas son por algo. Si no coges una rama es porque aún te gusta la otra. Por mucho que lo niegues, esto es así.
Báilale el agua tío, te va a dar igual…
"...me encuentro con mi hada, que está loca también
he vuelto a las andadas, he vuelto a enloquecer (...)"
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas" (Jean-Jacques Rousseau).
miércoles, 11 de mayo de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
¿Qué ves?
lunes, 9 de mayo de 2011
Hacer algo mal para sentirte bien
Miseria, estás siempre presente. Cada vez te odio más, y, como puedes ver, te hablo de tú porque no me mereces ningún respeto. Desde el principio de los tiempos empezaste a hacer a de las tuyas con la manzana de Adán y Eva. ¿Era Eva la culpable? Más bien Adán era un endeble. Probablemente su simpleza sucumbió a los encantos del mal. Era tan tonto, tan tonto, tan tonto que se creyó listo por un momento.
Todo empieza por la desconfianza. Tu corazón te dice que confíes, que la sinceridad está ahí y que sólo tienes que dejar de pensar. Por eso tantas preguntas: para no pensar. Es la única manera de encontrar un calmante momentáneo a la tortura mental.
Y cuando empieza a ser imposible que las preguntas relajen tu angustia interna e inexplicable (porque en el fondo, aunque tengas una leve noción de por dónde van los tiros, es inexplicable), pasas a plantearte otras cosas. Perder tu dignidad por otorgársela a otro. Sentirte mejor haciéndolo peor a veces es el único escape que tienes. ¡Que paradoja! Hacer el mal para sentirte bien.
Tener empatía con la miseria es lo peor que puede ocurrir, pero a veces no queda otra. Ponerte a su altura hará ver las cosas desde su prisma. Quizás viéndolo así se puedan entender muchas cosas y esa angustia desaparezca. No lo se (no siempre hay respuestas para algo que uno mismo dice).
Todo empieza por la desconfianza. Tu corazón te dice que confíes, que la sinceridad está ahí y que sólo tienes que dejar de pensar. Por eso tantas preguntas: para no pensar. Es la única manera de encontrar un calmante momentáneo a la tortura mental.
Y cuando empieza a ser imposible que las preguntas relajen tu angustia interna e inexplicable (porque en el fondo, aunque tengas una leve noción de por dónde van los tiros, es inexplicable), pasas a plantearte otras cosas. Perder tu dignidad por otorgársela a otro. Sentirte mejor haciéndolo peor a veces es el único escape que tienes. ¡Que paradoja! Hacer el mal para sentirte bien.
Tener empatía con la miseria es lo peor que puede ocurrir, pero a veces no queda otra. Ponerte a su altura hará ver las cosas desde su prisma. Quizás viéndolo así se puedan entender muchas cosas y esa angustia desaparezca. No lo se (no siempre hay respuestas para algo que uno mismo dice).
lunes, 2 de mayo de 2011
Hay algo más
Los sueños, sueños son. ¿Y las ilusiones? ¿Son simplemente eso? En caso de que así fuese, sería absurdo vincular la esperanza a las ilusiones porque toda ilusión esconde algo de esperanza. Por poner un ejemplo, es una ilusión ganar la lotería, por lo que un mínimo de esperanza hay en ella; de lo contrario, sería tontería jugar.
Centrémonos ahora en las casualidades. Una casualidad no es más que una coincidencia de la que todo el mundo se sorprende pero que ve como algo normal. Por tanto, alguien que cree en las casualidades es imposible que crea en el destino. Yo creo en el destino y veo complicado que haya casualidades. Puede haber una, dos, a lo sumo tres, pero cuando hay un cúmulo de situaciones que te han afectado incluso sin haberlas “provocado” tú mismo, entonces me temo que no se trata de simples coincidencias.
¿Quién mueve los hilos de la vida? Por supuesto que nosotros mismos, pero ¿somos conscientes de que una decisión puede cambiar el rumbo? Perder el control no es más que haber intentado tenerlo en todo momento. No sirve de nada intentar tener todo dominado cuando al final son las situaciones las que nos dominan.
Aquellos que opinan que las casualidades son simplemente eso, creo sinceramente que se equivocan. Hay algo más, algo que se nos escapa. No se qué es. ¿Por qué ir a un sitio pudiendo ir a otro? La respuesta fácil sería “pues porque me apetecía en ese momento”. Realmente es así, no tiene más. Sin embargo no deja de ser inquietante preguntarse qué hubiese sido de nosotros sin hubiésemos ido por el camino contrario. Nadie lo sabe, es un misterio que jamás podrá resolverse. ¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Hasta qué punto una decisión mía te afecta? ¿Quién me salva continuamente? ¿Quién aparece en un momento determinado cuando todo parecía normal? Demasiadas preguntas para tan poca persona.
Centrémonos ahora en las casualidades. Una casualidad no es más que una coincidencia de la que todo el mundo se sorprende pero que ve como algo normal. Por tanto, alguien que cree en las casualidades es imposible que crea en el destino. Yo creo en el destino y veo complicado que haya casualidades. Puede haber una, dos, a lo sumo tres, pero cuando hay un cúmulo de situaciones que te han afectado incluso sin haberlas “provocado” tú mismo, entonces me temo que no se trata de simples coincidencias.
¿Quién mueve los hilos de la vida? Por supuesto que nosotros mismos, pero ¿somos conscientes de que una decisión puede cambiar el rumbo? Perder el control no es más que haber intentado tenerlo en todo momento. No sirve de nada intentar tener todo dominado cuando al final son las situaciones las que nos dominan.
Aquellos que opinan que las casualidades son simplemente eso, creo sinceramente que se equivocan. Hay algo más, algo que se nos escapa. No se qué es. ¿Por qué ir a un sitio pudiendo ir a otro? La respuesta fácil sería “pues porque me apetecía en ese momento”. Realmente es así, no tiene más. Sin embargo no deja de ser inquietante preguntarse qué hubiese sido de nosotros sin hubiésemos ido por el camino contrario. Nadie lo sabe, es un misterio que jamás podrá resolverse. ¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Hasta qué punto una decisión mía te afecta? ¿Quién me salva continuamente? ¿Quién aparece en un momento determinado cuando todo parecía normal? Demasiadas preguntas para tan poca persona.
martes, 12 de abril de 2011
¿Y al final?

Bendito el día en que uno se da cuenta que no es superman, que es como los demás y que todo lo que había creído hasta el momento no era más que un paraguas que le protegía de su propia miseria.
Aunque pueda parecer extraño, es una satisfacción saber que uno no es de piedra y que puede considerarse humano. Es una sensación de felicidad en el fondo del corazón que no se corresponde con la inmensa tristeza que siente el resto del cuerpo.
Cambiar por algo, por alguien. ¿Hay mayor muestra de que ese algo o alguien nos importa de verdad que cambiar? Es un orgullo, es libertad y sobre todo, es consuelo de que en lo mas profundo del monstruo que uno lleva dentro hay un ápice de esperanza.
¿Y al final qué? Queda la satisfacción de estar tranquilo con uno mismo y de saber que pudo vencer al ogro que llevaba dentro. Es muy bello pensar eso, pero la pura realidad acaba reflejando una cosa inevitable: al final no queda nada.
Aunque pueda parecer extraño, es una satisfacción saber que uno no es de piedra y que puede considerarse humano. Es una sensación de felicidad en el fondo del corazón que no se corresponde con la inmensa tristeza que siente el resto del cuerpo.
Cambiar por algo, por alguien. ¿Hay mayor muestra de que ese algo o alguien nos importa de verdad que cambiar? Es un orgullo, es libertad y sobre todo, es consuelo de que en lo mas profundo del monstruo que uno lleva dentro hay un ápice de esperanza.
¿Y al final qué? Queda la satisfacción de estar tranquilo con uno mismo y de saber que pudo vencer al ogro que llevaba dentro. Es muy bello pensar eso, pero la pura realidad acaba reflejando una cosa inevitable: al final no queda nada.
(Cree solo en tus alas)
domingo, 10 de abril de 2011
Tú mandas
No cedas nunca. Siempre piensa que los locos son ellos. Lo que yo opino es lo que vale y el resto me da igual. No importa el daño que puedas hacer porque ya te han hecho suficiente y tu debes mucho más. No te pongas en el lugar del otro porque necesita un psicólogo y no sabe lo que dice. ¡Está loco! ¿O está pasando un mal momento? Que va, está como una regadera… No tengas esperanzas en algo que piensas que está condenado a la destrucción. Yo se lo que hago. Yo controlo. No tengo problemas porque se que está ahí. Es tonto. ¿Por qué se enfada por tonterías? Quizás no son tonterías… ¡pero que estoy diciendo, claro que lo son! ¡Son tonterías! Son tonterías porque yo lo pienso así. Yo jamás me pondría así por eso. Yo… yo, soy yo. Yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo. SOY YO. Y yo controlo. Recuerdalo siempre porque así funcionan las cosas.
viernes, 8 de abril de 2011
En Re Menor
¿Cómo definir este acorde? Es el más triste, nostálgico, solitario y sin remedio que se puede hacer con seis cuerdas. Aún así tiene algo que engancha y siempre suena agradable por muy pasteloso que pueda parecer. No se si el que me lee (si es que alguien lo hace) sabrá cómo suena un re menor, pero si alguien quiere viajar alguna vez a lo más profundo de su ser, le recomiendo que alguna vez se detenga en escucharlo. ¿Pero qué loco puede “alucinar” con un re menor teniendo LSD?
Hay veces en que la vida misma es re menor. ¡Primavera! El sol, que llevaba tiempo castigado entre las nubes, por fin sale con asiduidad. Y lo más importante: las flores. Ellas también están en re menor. Que curioso… las hay de todos los colores y todas están en ese maldito acorde. No tiene mucho sentido. Lo que se ve en el exterior no se refleja en el interior. A fuera hay un montón de colores, olores a cual más agradable y sonrisas.
Las flores sonríen, pero tú no sonríes a las flores. ¡Pobres flores! Ellas no te han hecho nada, se limitan a estar ahí sin hacerte nada malo. Estoy seguro de que solo quieren la felicidad para ti y tú solo las miras como lo que son, simples flores que en otoño se irán de vacaciones. Es el problema de ver a las flores en re menor, que por muy bonitas que sean, tu las ves a todas de color gris. Ni siquiera negro ya, sino gris.
Tumbado entre ellas, el viento sopla y también suena en re menor. Esto si que es ya de ir a la psicóloga. ¿Pero quién es ella para decirme que el viento no suena en re menor? No estoy loco. Se lo que digo y que el resto no lo entienda me da igual. Por lo menos escucho el re menor, cosa que ellos no son capaces de hacer. Ni siquiera quien parecía estar también en re menor lo está ya. Estoy solo con él. Allá donde voy me acompaña. Nadie está solo si le acompaña la soledad, apodada re menor. Veo los días en re menor. Quizás algún día la vea en re mayor (quien sepa como suena le resultará todo lo contrario al menor) Mientras tanto, ahí estás.
Hay veces en que la vida misma es re menor. ¡Primavera! El sol, que llevaba tiempo castigado entre las nubes, por fin sale con asiduidad. Y lo más importante: las flores. Ellas también están en re menor. Que curioso… las hay de todos los colores y todas están en ese maldito acorde. No tiene mucho sentido. Lo que se ve en el exterior no se refleja en el interior. A fuera hay un montón de colores, olores a cual más agradable y sonrisas.
Las flores sonríen, pero tú no sonríes a las flores. ¡Pobres flores! Ellas no te han hecho nada, se limitan a estar ahí sin hacerte nada malo. Estoy seguro de que solo quieren la felicidad para ti y tú solo las miras como lo que son, simples flores que en otoño se irán de vacaciones. Es el problema de ver a las flores en re menor, que por muy bonitas que sean, tu las ves a todas de color gris. Ni siquiera negro ya, sino gris.
Tumbado entre ellas, el viento sopla y también suena en re menor. Esto si que es ya de ir a la psicóloga. ¿Pero quién es ella para decirme que el viento no suena en re menor? No estoy loco. Se lo que digo y que el resto no lo entienda me da igual. Por lo menos escucho el re menor, cosa que ellos no son capaces de hacer. Ni siquiera quien parecía estar también en re menor lo está ya. Estoy solo con él. Allá donde voy me acompaña. Nadie está solo si le acompaña la soledad, apodada re menor. Veo los días en re menor. Quizás algún día la vea en re mayor (quien sepa como suena le resultará todo lo contrario al menor) Mientras tanto, ahí estás.
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