El mendigo se fue corriendo, herido porque la princesa le había ocultado la realidad. Pasaron muchos meses y en la mente del mendigo siempre estaba el rostro de la princesa. No podía quitársela de la cabeza. Intentó odiarla, pero era incapaz. Incluso a veces se acercó tímidamente a los alrededores del palacio solo para verla. Contemplaba a lo lejos la infelicidad de la princesa, pero no podía hacer nada. Ella estaba con su prometido. El mendigo pasó los peores meses de su vida. A punto estuvo de abandonar la ciudad, pero siempre su rayo de esperanza se lo impedía.
Una tarde y de la forma mas inesperada la princesa fue hacia él. Le dijo que había abandonado el palacio y al príncipe. No aguantaba más, ya que con quien verdaderamente quería estar era con el mendigo. A pesar de todo lo ocurrido, el olvidó todo ya que sus ganas de estar con ella eran superiores a su dolor. Ella prometió serle fiel, amarlo para siempre y ser él su único príncipe a pesar de la diferencia social entre ambos. Vivieron durante tiempo felices, acaramelados en un sueño sin fin. Para el mendigo todo era ideal. Es como si todo lo que durante tiempo deseó se hubiese hecho realidad.
Llegó el verano y, como cada año, el grupo de plebeyos hacía una fiesta en la que se reunían todos los mendigos de las distintas calles de la ciudad. El mendigo estaba deseando presentar a su amada princesa a todos sus amigos plebeyos. En la fiesta, el mendigo daría un recital de flauta, algo que motivó aún más a la princesa para asistir a la fiesta. Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar de rumbo. Los celos y el orgullo mal llevado de la princesa no tardaron en llegar. Se puso paranoica con que todas las plebeyas querrían acercarse a su amado mendigo, algo que no tenía sentido ya que si alguien era deseada por todos esa era la princesa.
El mendigo estaba incomodo porque su amada no confiaba en él. Al comenzar su actuación, el mendigo fue incapaz de salir de su asombro. No solo había aguantado durante la fiesta los celos injustificados de la princesa sino que tuvo que observar en su propia cara como algún otro mendigo e incluso ciertas plebeyas se acercaban a la ella con el fin de seducirla.
Al acabar su actuación, el mendigo se acercó a la princesa y delante de todos la dio un largo y caluroso beso con el fin de demostrarle su amor. Entristecido por la desconfianza que había mostrado en él la princesa y por la situación en general, el mendigo tiró su flauta muy lejos y se fue mientras el cielo se hacía cada vez más oscuro.
CONTINUARÁ...
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas" (Jean-Jacques Rousseau).
viernes, 8 de julio de 2011
jueves, 7 de julio de 2011
El mendigo y la princesa (2)
Estuvieron caminando horas y horas. Parecía como si el tiempo no fuese con ellos. Se detuvieron en un callejón oscuro y deshabitado. No era un sitio precisamente bonito, pero en ese momento no importó0.. Ante la luz de la luna, el mendigo y la preciosa dama se besaron apasionadamente. Pasado un rato, la dama se apartó suavemente del mendigo y le cogió de sus protectoras aunque manchadas manos.
- Tengo que irme ya, es muy tarde.
- Parece que no haya pasado el tiempo, querida. Le acompañaré a su casa.
- No es necesario, además está un poco apartado.
- No importa. Recuerde que soy un mendigo, puedo pasar la noche en cualquier sitio.
El mendigo acompañó a la dama. Desconocía el lugar por el que transitaban, pero lo que estaba claro es que nada tenía que ver con los lugares que solía frecuentar él. De repente, y para sorpresa del mendigo, se detuvieron en un enorme palacio.
- Ya hemos llegado, aquí vivo.
- Un momento… ¿usted vive en este palacio?
- Sí
- Entonces es usted… ¡una princesa!
- Me temo que sí.
- Pero… si es una princesa entonces su príncipe le aguarda ahí arriba.
- Así es. Debo ir con mi prometido.
- ¿Por qué no me ha dicho nada?
- No quería estropearlo. Me estaba cautivando con su ternura y su manera de ser. Créame, no he podido evitarlo.
- ¡Ha jugado conmigo!
- No es así. Sé que tendría que habérselo dicho, pero si lo hubiese hecho no habría tenido la oportunidad de pasar la mejor noche de mi vida.
- Que sea un mendigo no implica que no tenga corazón…
CONTINUARÁ...
- Tengo que irme ya, es muy tarde.
- Parece que no haya pasado el tiempo, querida. Le acompañaré a su casa.
- No es necesario, además está un poco apartado.
- No importa. Recuerde que soy un mendigo, puedo pasar la noche en cualquier sitio.
El mendigo acompañó a la dama. Desconocía el lugar por el que transitaban, pero lo que estaba claro es que nada tenía que ver con los lugares que solía frecuentar él. De repente, y para sorpresa del mendigo, se detuvieron en un enorme palacio.
- Ya hemos llegado, aquí vivo.
- Un momento… ¿usted vive en este palacio?
- Sí
- Entonces es usted… ¡una princesa!
- Me temo que sí.
- Pero… si es una princesa entonces su príncipe le aguarda ahí arriba.
- Así es. Debo ir con mi prometido.
- ¿Por qué no me ha dicho nada?
- No quería estropearlo. Me estaba cautivando con su ternura y su manera de ser. Créame, no he podido evitarlo.
- ¡Ha jugado conmigo!
- No es así. Sé que tendría que habérselo dicho, pero si lo hubiese hecho no habría tenido la oportunidad de pasar la mejor noche de mi vida.
- Que sea un mendigo no implica que no tenga corazón…
CONTINUARÁ...
El mendigo y la princesa (1)
Era una estrellada y fría noche de invierno. El mendigo llevaba días sentado en el suelo sin hacer otra cosa que contemplar la indiferencia de la gente que paseaba a su alrededor. Pero esa noche todo cambió. Como si una potente llama recorriese su cuerpo, decidió levantarse para dar un paseo por las oscuras calles de la ciudad.
Anduvo largo camino, siempre guiado por su estrella. Pasase lo que pasase, jamás le abandonaba. Cuando se decidía a volver a su calle se cruzó en su camino a una dama. Era elegante a la par que sensual. Sin saber por qué, el mendigo sintió la necesidad de hablar con ella.
- Disculpe señorita, ¿se ha perdido?
- No, ¿por qué lo dice?
- Me resulta extraño ver a una mujer con tanta clase por este lugar. Es peligroso.
- ¡Oh! Que amable es usted. ¿Y por qué opina que corro peligro?
- Bueno, ya sabe… aquí la gente es, ya sabe… ¡como yo!
- ¿Como usted?
- Sí, yo soy un mendigo.
- Lo sé. Pero es usted educado y cortés. No le temo, sino al contrario.
El mendigo se quedó callado, Quizás fuese la mirada de la dama, su dulce voz o simplemente su belleza, pero en cuestión de segundos el mendigo se había enamorado locamente de ella.
- Y bien señor mendigo ¿qué le parece si damos una vuelta por aquí?
- Eso sería fantástico. ¡Le enseñaré todas las calles que habito!
CONTINUARÁ...
Anduvo largo camino, siempre guiado por su estrella. Pasase lo que pasase, jamás le abandonaba. Cuando se decidía a volver a su calle se cruzó en su camino a una dama. Era elegante a la par que sensual. Sin saber por qué, el mendigo sintió la necesidad de hablar con ella.
- Disculpe señorita, ¿se ha perdido?
- No, ¿por qué lo dice?
- Me resulta extraño ver a una mujer con tanta clase por este lugar. Es peligroso.
- ¡Oh! Que amable es usted. ¿Y por qué opina que corro peligro?
- Bueno, ya sabe… aquí la gente es, ya sabe… ¡como yo!
- ¿Como usted?
- Sí, yo soy un mendigo.
- Lo sé. Pero es usted educado y cortés. No le temo, sino al contrario.
El mendigo se quedó callado, Quizás fuese la mirada de la dama, su dulce voz o simplemente su belleza, pero en cuestión de segundos el mendigo se había enamorado locamente de ella.
- Y bien señor mendigo ¿qué le parece si damos una vuelta por aquí?
- Eso sería fantástico. ¡Le enseñaré todas las calles que habito!
CONTINUARÁ...
martes, 5 de julio de 2011
En mi comuna

No hay odios ni rencores, sólo paz y comprensión.
El tiempo no existe, lo marcamos tu y yo.
Aquí no está permitido crear muros de falsedad, que es al fin y al cabo lo que son.
La angustia no es más que la desconfianza hecha imaginación.
El miedo no existe, es unicamente la excusa de los debiles.
No ha prisa, todo llega (o no).
Este es el reino de la tranquilidad, donde todas nuestras miserias reposan en un caldo espeso.
(Este es mi mundo y nadie ni nada lo va a cambiar)
lunes, 27 de junio de 2011
Tigres

Tigre… Está tumbado, con calma. Es tranquilo, no se altera por nada y rara vez se adelanta a los acontecimientos. Lo tiene todo bajo control (por lo menos lo que respecta a él mismo). Deja pasar el tiempo, no hay prisa. Sí, efectivamente, las horas no tienen importancia. Espera su oportunidad mientras contempla con desgana el desquicie del resto. Nada le afecta y nada le sorprende ya que lo ha visto casi todo.
Aún así, está seguro de que le quedan cosas por comprobar. Está mas que seguro de que por muy tranquila que parezca la jungla, hay ciertos días señalados en los que verá cosas. ¿Qué cosas? Pues cosas, tesoro, cosas. Lo que jamás sentirá es odio. Es tan sumamente comprensivo y pacífico que nunca deseará el mal a nadie. Sería capaz de involucrarse con el mismo diablo si ve algo de bondad en él (algo, por mínimo que sea).
El odio no es más que un sentimiento de impotencia que invade tu cuerpo y te hace actuar de manera rabiosa y desproporcionada. Pero ante todo, calma y educación, que para algo somos animales y vivimos en la jungla.
Algún ignorante pensará que el tigre es incapaz de ver las cosas y que cuando las ve perderá el control. Pero no es así. El tigre observa detenidamente desde su miopía, y aunque vea nubladamente se percata de todo. Se traga sus ganas de comerse a la presa que invade su terreno y permanece impasible ante la situación porque sabe que es lo mejor.
Está siempre calmado y su calma es prácticamente infinita. Pero cuando esta se acaba… zas! Te mete un zarpazo y acaba contigo. Pero rara vez ocurre esto, él procura mantenerse en su universo (Across the universe, porque nothing’s gonna change his world). Así es.
(El tigre se va a dormir, pero de vez en cuando abrirá un ojo para ver si algún otro animal intenta tantear su terreno. Y en caso de que eso suceda ocurrirá lo que todos temen)
Aún así, está seguro de que le quedan cosas por comprobar. Está mas que seguro de que por muy tranquila que parezca la jungla, hay ciertos días señalados en los que verá cosas. ¿Qué cosas? Pues cosas, tesoro, cosas. Lo que jamás sentirá es odio. Es tan sumamente comprensivo y pacífico que nunca deseará el mal a nadie. Sería capaz de involucrarse con el mismo diablo si ve algo de bondad en él (algo, por mínimo que sea).
El odio no es más que un sentimiento de impotencia que invade tu cuerpo y te hace actuar de manera rabiosa y desproporcionada. Pero ante todo, calma y educación, que para algo somos animales y vivimos en la jungla.
Algún ignorante pensará que el tigre es incapaz de ver las cosas y que cuando las ve perderá el control. Pero no es así. El tigre observa detenidamente desde su miopía, y aunque vea nubladamente se percata de todo. Se traga sus ganas de comerse a la presa que invade su terreno y permanece impasible ante la situación porque sabe que es lo mejor.
Está siempre calmado y su calma es prácticamente infinita. Pero cuando esta se acaba… zas! Te mete un zarpazo y acaba contigo. Pero rara vez ocurre esto, él procura mantenerse en su universo (Across the universe, porque nothing’s gonna change his world). Así es.
(El tigre se va a dormir, pero de vez en cuando abrirá un ojo para ver si algún otro animal intenta tantear su terreno. Y en caso de que eso suceda ocurrirá lo que todos temen)
miércoles, 22 de junio de 2011
Sombras

Sombras... tan cobardes de temer a la oscuridad que acceden a ella sin pudor alguno de dejarte con una mano delante y otra detrás. La sombra es sabia. Sabe qué ocurrirá, cómo irá el cauce del río y si finalmente desembocará en el mar.
Me engaña, me hace creer que la tengo siempre conmigo, pero no es así. Y de repente, ¡aparece! Me hace sentir especial por estar conmigo y que nadie más pueda invadirnos, por grandes que otras sombras sean. Pero la oscuridad es su perdición, y se que volverás a irte (te hablo de tú porque, al fin y al cabo, eres parte de mí).
Así es su juego, sólo ella decide. Cuando está junto a mí me hace ver la vida de otro color, pero ella prefiere el negro, no lo puede evitar. Se pierde en lo más profundo de la oscuridad y solo ella sabe lo que hace ahí y con qué otro amo está.
Cuando vuelve hacia mí, me mira con ojos de miel y me calma con su simple mirada. Está conmigo, confío en ella, aparece cuando la necesito y no me abandona. Es solo una sensación mía, errónea, como miles de las que tengo. La oscuridad es únicamente una broma pesada del pensamiento.
(todo es normal, y si no es así, yo mismo apagaré la luz)
jueves, 9 de junio de 2011
Durmiendo no, descansando

Una de las voces más bonachonas que he escuchado. “Buenas noches”. Educación ante todo. Sin embargo, su verdadera cara es violenta e insensible. Su mente, perversa y lasciva. Sus ojos lo dicen todo. Podría matarte con la mirada… suerte que los ojos aún no son capaces de soltar balas por muy asesina que sea su mirada.
Se detiene fijamente y observa a sus presas. No hay nada peor que actuar con la mente, ya que a diferencia de la realidad, no hay quien la pare.
- ¿Durmiendo, no?
- No, descansando
- Yo acabo de dormir.
- Me alegro
- ¿Vienes de juerga?
- Sí… oye tío ¿qué quieres?
- Nada.
- ¿Eres un enviado o algo parecido?
- No creo.
- Entonces déjame y lárgate.
Bajito, con barba, de negro hasta arriba y feo como él solo. Claro, es feo porque hace cosas feas. Se fue, pero ellas le recordarán. En sus manos ha abarcado la desesperación y parece no importarle demasiado. Se va desafiante. Hoy ha dado con la horma de su zapato: la risa nerviosa. Pero volverá. Siempre vuelve. ¡Corre si puedes!
(el vacío sólo puedes llenarlo tú)
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