- La verdad que desde que Víctor se fue la partida está mucho más igualada. Aunque Fernanda anda justita- dijo Alex mientras encendía un cigarro como si estuviese en su propia casa.
- Ese hijo del diablo lo único que hace siempre es molestar.
- Por favor Fernanda, no seas brusca tú también.
- Es cierto Diana, tú misma sabes que tengo razón. Continuamente con ese mal humor y siempre metiéndose conmigo. ¿Qué le habré hecho yo?
- Quizá solo es machista o racista. Déjale, está muy solo.
- Yo creo que es de la acera de enfrente- saltó Pablo.
- ¿Y eso qué mas da?- respondió Diana con cara de incredulidad.
- Pues muy sencillo, que vive reprimido y no es capaz de ser él mismo. Por eso se comporta de ese modo.
- Eso es una bobada y lo sabes. Además las mujeres nos damos cuenta de esas cosas y ni Fernanda ni yo hemos notado nada, ¿a que no Fernanda?
En ese preciso momento Fernanda empezó a encontrarse mal. Estaba blanca como la leche y temblaba como si en la casa estuviesen a bajo cero.
- ¿Qué te pasa? Estás pálida.
- No me encuentro bien…
- Claro, el mojito… Bueno no, más bien LOS mojitos - dijo Alex irónicamente.
- Necesito irme a casa. Creo que me vendrá bien descansar. Llamaré a un taxi.
- ¡Pero qué dices mujer! ¿Estás loca? Te saldrá por un ojo de la cara. Te acerco yo
- En serio Pablo, muchas gracias pero no quiero ser molestia. Mejor me cojo un taxi. Además no vas a dejar a tu mujer sola con todo lo que hay que recoger.
- Eso tiene fácil arreglo, te llevo yo. Así no hacemos salir a Pablo de su casa, Diana no se queda sola y a mi me queda al lado acercarte - se anticipó Alex galánmente.
- No, de verdad, no quisiera…
- ¡No hay más que hablar! Te acerco yo que me pilla de paso.
- ¡Perfecto! - Zanjó Pablo. La semana que viene seguimos con la partida. Os vemos aquí a la misma hora.
Avisar a Víctor también.
A la semana siguiente volvieron a reunirse en la misma casa a la misma hora. En esta ocasión Alex fue el último en llegar. Llamó al timbre y Pablo y Diana fueron a abrirle.
- Hola anfitrión, veo que ya habéis puesto todo. Diana, estás tan guapa como la semana anterior. Y Víctor qué, ¿tarde cómo el otro día?
Durante pocos segundos se produjo un incomodo silencio que no hacía presagiar buenas noticias.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Alex con preocupación.
- Acabamos de recibir una llamada de la madre de Víctor. Se lo ha encontrado muerto esta mañana en la ducha. - le comunicó Diana antes de romper a llorar.
CONTINUARÁ...
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas" (Jean-Jacques Rousseau).
miércoles, 23 de enero de 2013
domingo, 20 de enero de 2013
Poker de almas (2)
- Apuesto cien
- Cincuenta más
- Veo que vienes avasallando, como siempre...
- Yo me planto. Anda Pablo, prepárame otro mojito.
- Es el tercero ya, tú verás…
- Si tú también te has plantado, así que mientras tráeme uno - le dijo Fernanda con ese tono amable que siempre la caracterizaba.
- Voy yo cariño, así Fernanda me cuenta cotilleos. Ya sabéis cómo somos las mujeres a veces - se anticipó Diana con ternura. Ambas se levantaron rumbo a la cocina.
- Bueno Víctor, Sólo quedamos tú y yo. ¿Cincuenta más o tienes miedo?
- Sólo te queda eso, te vas a ir el primero como pierdas - le avisó Pablo poniéndole la mano en el hombro. Esos segundos de silencio incomodo en los que Víctor meditaba su decisión fueron cortados por un plato que se rompió en la cocina.
- Llegados a este punto me da igual.
- Esto me suena a hace un año, fuiste la primera víctima de Alex. ¿Recuerdas?
- ¿Por qué no vas con tu mujer a la cocina y dejas de meterme cizaña? Además este es un juego de hombres. Veo tus cincuenta y los diez que me quedan.
Al tono arisco de Víctor se sumo un fuerte ataque de tos que mantuvo interrumpida la partida segundos que se hicieron tan largos como meses.
- Tienes que cuidarte más.
- Sí, sí… lo que tú digas. Enseña las cartas.
- Trío de dieces. A poquito que tengas algo me ganas - dijo Alex con su típica ironía mientras Víctor suspiraba de agobio.
- Doble pareja… Has vuelto a ganar.
- Te lo dije, era mejor que te hubieses plantado.
- Y yo te dije que fueses con tu mujer a la cocina, ¡gafe!
- Es sólo una partida, no te pongas así hombre - trató de calmar Alex el ambiente mientras ordenaba su dinero recién ganado.
- Claro, lo que yo decía, mientras ganes tú siempre sólo es una partida… En fin, me voy a casa.
- Venga Víctor no te pongas así. Te preparo un mojito.
- Déjalo, me aburre siempre lo mismo. Resultaría más emocionante jugarse la vida.
- No digas bobadas y acepta el mojito de Pablo, que los hace bien ricos. Y si no que se lo pregunten a Fernanda.
- En serio, me voy. Ya no aguanto más aquí. Buenas noches caballeros. !Y tú vigila a tu mujer! Que está muy guapa y hay mucho buitre.
Víctor cogió su abrigo aún mojado y salió de casa de Pablo y Diana sin decir mucho más. Se le notaba humillado, aunque bien es cierto que su cara no acostumbraba a reflejar demasiada simpatía.
- ¿Cómo van los hombres de la casa? ¿Y Víctor dónde se ha metido? ¿Está en el baño?
- No cariño, se ha ido a casa. Alex ha terminado de desplumarle.
- Vaya, igualito que la última vez. ¿Qué tienes en contra de él Alex?- dijo Diana entre risas.
- Absolutamente nada, pero ya sabes cómo es el juego. Si no sabe jugar es mejor que haga lo que ha hecho: irse.
CONTINUARÁ...
- Cincuenta más
- Veo que vienes avasallando, como siempre...
- Yo me planto. Anda Pablo, prepárame otro mojito.
- Es el tercero ya, tú verás…
- Si tú también te has plantado, así que mientras tráeme uno - le dijo Fernanda con ese tono amable que siempre la caracterizaba.
- Voy yo cariño, así Fernanda me cuenta cotilleos. Ya sabéis cómo somos las mujeres a veces - se anticipó Diana con ternura. Ambas se levantaron rumbo a la cocina.
- Bueno Víctor, Sólo quedamos tú y yo. ¿Cincuenta más o tienes miedo?
- Sólo te queda eso, te vas a ir el primero como pierdas - le avisó Pablo poniéndole la mano en el hombro. Esos segundos de silencio incomodo en los que Víctor meditaba su decisión fueron cortados por un plato que se rompió en la cocina.
- Llegados a este punto me da igual.
- Esto me suena a hace un año, fuiste la primera víctima de Alex. ¿Recuerdas?
- ¿Por qué no vas con tu mujer a la cocina y dejas de meterme cizaña? Además este es un juego de hombres. Veo tus cincuenta y los diez que me quedan.
Al tono arisco de Víctor se sumo un fuerte ataque de tos que mantuvo interrumpida la partida segundos que se hicieron tan largos como meses.
- Tienes que cuidarte más.
- Sí, sí… lo que tú digas. Enseña las cartas.
- Trío de dieces. A poquito que tengas algo me ganas - dijo Alex con su típica ironía mientras Víctor suspiraba de agobio.
- Doble pareja… Has vuelto a ganar.
- Te lo dije, era mejor que te hubieses plantado.
- Y yo te dije que fueses con tu mujer a la cocina, ¡gafe!
- Es sólo una partida, no te pongas así hombre - trató de calmar Alex el ambiente mientras ordenaba su dinero recién ganado.
- Claro, lo que yo decía, mientras ganes tú siempre sólo es una partida… En fin, me voy a casa.
- Venga Víctor no te pongas así. Te preparo un mojito.
- Déjalo, me aburre siempre lo mismo. Resultaría más emocionante jugarse la vida.
- No digas bobadas y acepta el mojito de Pablo, que los hace bien ricos. Y si no que se lo pregunten a Fernanda.
- En serio, me voy. Ya no aguanto más aquí. Buenas noches caballeros. !Y tú vigila a tu mujer! Que está muy guapa y hay mucho buitre.
Víctor cogió su abrigo aún mojado y salió de casa de Pablo y Diana sin decir mucho más. Se le notaba humillado, aunque bien es cierto que su cara no acostumbraba a reflejar demasiada simpatía.
- ¿Cómo van los hombres de la casa? ¿Y Víctor dónde se ha metido? ¿Está en el baño?
- No cariño, se ha ido a casa. Alex ha terminado de desplumarle.
- Vaya, igualito que la última vez. ¿Qué tienes en contra de él Alex?- dijo Diana entre risas.
- Absolutamente nada, pero ya sabes cómo es el juego. Si no sabe jugar es mejor que haga lo que ha hecho: irse.
CONTINUARÁ...
miércoles, 16 de enero de 2013
Poker de almas (1)
- Es un placer veros aquí de nuevo. Parece que fue ayer la última vez que nos vimos. De verdad, muchas gracias por venir.
- Gracias a ti Pablo. Y sobre todo a ti Diana. Veo que estás incluso más guapa que la última vez, y mira que parecía difícil porque estabas impresionante.
- De verdad Alex... tú como siempre tan galán - dijo Diana entre risas y tocándose el pelo algo nerviosa.
- ¡Déjense de chácharas y empecemos a jugar de una vez!
- Aún falta Víctor, llegará tarde como de costumbre- dijo Alex con cierto pesimismo.
- Tranquila Fernanda, mientras te pongo un mojito y así nos vamos animando. ¿Cómo anda tu marido?
- Ahí sigue querido... no muy bien la verdad. Encima ahora está enfermo, como si no tuviese poco con lo suyo el pobre
- Vaya... no sabes cuanto lo siento.
- Gracias Diana, las cosas son como son - respondió Fernanda mientras Pablo llegaba con un mojito que parecía sobrecargado de menta.
- ¡Bueno, bueno! No pensemos en lo peor. Aquí tienes tu mojito, seguro que hace que se te pasan los males. Además el ron es de tu tierra y de 20 años.
Fernanda bebió entre lágrimas un buen trago de aquel mojito. Sin duda el ron no era cubano de 20 años, ya que además del juego, era una gran experta en bebida, pero lo bebió como si lo fuese. Mientras llamaron al timbre.
- Este debe ser Víctor.
- No te preocupes cariño, ya abro yo - se anticipó Diana impidiendo que su marido fuese a abrir a la vez que miró de reojo a Álex sonriendo.
- Buenas noches, disculpad el retraso.
Víctor era un hombre un tanto excéntrico, solitario y generalmente amargo. Desde joven arrastraba problemas de tos y nunca se le había conocido mujer. En el banco sus compañeros de trabajo siempre especulaban con que era homosexual, pero él jamás se pronunció al respecto. Lo cierto es que fuese cual fuese su orientación sexual, su carácter era un tanto depresivo y su aspecto mal cuidado.
- Anda dame el abrigo, que por cierto lo tienes empapado y siéntate junto a Fernanda.
- ¿Ya está borracha la colombiana?- Víctor se sentó sin ni siquiera mirarla.
- No, no lo está. Y no es colombiana, sino cubana. Podrías mostrarte por una vez un poco más simpático, que hace un año que no nos vemos y sigues tan agrio como la última vez...
- Bueno, basta de tonterías. ¡A jugar ya! - exclamó Pablo con ganas de aliviar la tensión que se había generado desde la llegada de Víctor.
- Así me gusta, eso es un buen anfitrión
- No me extraña que estés de acuerdo en empezar ya Alex, como tú siempre ganas... Aún recuerdo la del año pasado...
- Es una manía que tengo. Ganar al poker y follar son las dos cosas que mejor se me dan - dijo Alex con cierto tono fanfarrón acompañado de las risas del resto de la mesa a excepción de Diana.
- Y encima te reímos las gracias... así da gusto.
- Anda Víctor, no seas antipático y disfruta de la partida.
- ¡Ya habló doña feliz! Claro, como la señorita tiene un marido millonario que todo se lo paga no le importa perder.
- ¡No te pases de listo!
- Tranquilo Alex, cualquiera diría que es tu esposa y no la de Pablo.
En ese momento y sin saber por qué, Fernanda derramó lo poco que le quedaba de mojito sobre la mesa. Fue sin duda un golpe de alivio porque el ambiente empezaba a estar demasiado cargado y sirvió para zanjar definitivamente la polémica mientras limpiaban la mesa con las servilletas bordadas en dorado. Tras esto, todo el mundo sacó su correspondiente dinero y comenzaron a jugar.
CONTINUARÁ...
- Gracias a ti Pablo. Y sobre todo a ti Diana. Veo que estás incluso más guapa que la última vez, y mira que parecía difícil porque estabas impresionante.
- De verdad Alex... tú como siempre tan galán - dijo Diana entre risas y tocándose el pelo algo nerviosa.
- ¡Déjense de chácharas y empecemos a jugar de una vez!
- Aún falta Víctor, llegará tarde como de costumbre- dijo Alex con cierto pesimismo.
- Tranquila Fernanda, mientras te pongo un mojito y así nos vamos animando. ¿Cómo anda tu marido?
- Ahí sigue querido... no muy bien la verdad. Encima ahora está enfermo, como si no tuviese poco con lo suyo el pobre
- Vaya... no sabes cuanto lo siento.
- Gracias Diana, las cosas son como son - respondió Fernanda mientras Pablo llegaba con un mojito que parecía sobrecargado de menta.
- ¡Bueno, bueno! No pensemos en lo peor. Aquí tienes tu mojito, seguro que hace que se te pasan los males. Además el ron es de tu tierra y de 20 años.
Fernanda bebió entre lágrimas un buen trago de aquel mojito. Sin duda el ron no era cubano de 20 años, ya que además del juego, era una gran experta en bebida, pero lo bebió como si lo fuese. Mientras llamaron al timbre.
- Este debe ser Víctor.
- No te preocupes cariño, ya abro yo - se anticipó Diana impidiendo que su marido fuese a abrir a la vez que miró de reojo a Álex sonriendo.
- Buenas noches, disculpad el retraso.
Víctor era un hombre un tanto excéntrico, solitario y generalmente amargo. Desde joven arrastraba problemas de tos y nunca se le había conocido mujer. En el banco sus compañeros de trabajo siempre especulaban con que era homosexual, pero él jamás se pronunció al respecto. Lo cierto es que fuese cual fuese su orientación sexual, su carácter era un tanto depresivo y su aspecto mal cuidado.
- Anda dame el abrigo, que por cierto lo tienes empapado y siéntate junto a Fernanda.
- ¿Ya está borracha la colombiana?- Víctor se sentó sin ni siquiera mirarla.
- No, no lo está. Y no es colombiana, sino cubana. Podrías mostrarte por una vez un poco más simpático, que hace un año que no nos vemos y sigues tan agrio como la última vez...
- Bueno, basta de tonterías. ¡A jugar ya! - exclamó Pablo con ganas de aliviar la tensión que se había generado desde la llegada de Víctor.
- Así me gusta, eso es un buen anfitrión
- No me extraña que estés de acuerdo en empezar ya Alex, como tú siempre ganas... Aún recuerdo la del año pasado...
- Es una manía que tengo. Ganar al poker y follar son las dos cosas que mejor se me dan - dijo Alex con cierto tono fanfarrón acompañado de las risas del resto de la mesa a excepción de Diana.
- Y encima te reímos las gracias... así da gusto.
- Anda Víctor, no seas antipático y disfruta de la partida.
- ¡Ya habló doña feliz! Claro, como la señorita tiene un marido millonario que todo se lo paga no le importa perder.
- ¡No te pases de listo!
- Tranquilo Alex, cualquiera diría que es tu esposa y no la de Pablo.
En ese momento y sin saber por qué, Fernanda derramó lo poco que le quedaba de mojito sobre la mesa. Fue sin duda un golpe de alivio porque el ambiente empezaba a estar demasiado cargado y sirvió para zanjar definitivamente la polémica mientras limpiaban la mesa con las servilletas bordadas en dorado. Tras esto, todo el mundo sacó su correspondiente dinero y comenzaron a jugar.
CONTINUARÁ...
lunes, 3 de diciembre de 2012
Sin rastro
martes, 27 de noviembre de 2012
Perros rabiosos
Fácil lo tienen los colonizadores de la moral
que echando toneladas de carne en el asador
saturan la inteligencia del personal
dejando nada en su interior
Perros rabiosos de su verdad
crean un desierto mental a golpe de vanidad
arrasando todo cuanto ven
roban el sol hasta al mismísimo amanecer
Y mucho cuidado con decir lo contrario
no vaya a ser que me tachen de libertario;
que aquí somos todos muy democráticos
y podemos ofender a los falsos melodramáticos
Concluye este pésimo orador
que ya está bien por hoy;
porque si un defecto tiene un servidor
es que sé de dónde vengo y a dónde voy.
lunes, 15 de octubre de 2012
Escalofrío piramidal
- Me encantaría ser mujer.
- ¿Por qué?
- Así podría saber que se siente al tener varios orgasmos.
- Algo bueno tendríamos que tener.
- Sí, debe ser como muchos escalofríos juntos.
- Algo así.
(El demonio tiene ojos de ángel)
jueves, 16 de agosto de 2012
Llega ya
Respiro de libertad. En ciertos días, olor a tierra mojada. Que el frío invada nuestros cuerpos mientras los corazones arden como las llamas del infierno. Sentir que una nevada de ilusión puede dotar a los tuyos de un cerebro de bebé y un corazón de anciano. Capa tras capa que hacen de escudo ante ese frescor que se mete por las venas. Avanzas en un suelo cada vez más resbaladizo que hace de lo más placentero cuando llegas al sitio deseado. Como siempre, te haces de rogar, pero ya queda menos para que llegues. Lo bueno que tiene el tiempo es que nunca para.
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