- Disculpa si te he molestado Alex.
- Aquí está el mojito para la cubana más guapa. ¿De qué se tiene que disculpar este impresentable?- dijo Pablo con tono bromista.
- Nada, cosas nuestras. ¿Se ven doscientos?
- Se ven- dijo Alex con decisión.
-Trío de ases.
Parecía que esta vez la suerte no había acompañado a Alex. Respiró profundamente y cuando Fernanda se
las daba de ganadora respondió sacó sus cartas ante la atónita mirada de su rival.
- Full
- De verdad Alex, no se cómo lo haces pero por muy buenas que sean nuestras cartas las tuyas siempre son mejores.
- Hay mucho de suerte como también de decisión.
- Bla, bla, bla… siempre con tu falsa modestia- se quejó Diana que no parecía tener su mejor noche.
- Al menos me consuela que no me fui la primera como el pobre Víctor.
- Ya vale de hablar de Víctor, dejémosle descansar en paz. Venga Fernanda, bébete el mojito que se te va a calentar y comete alguna pasta que aún no las has probado y las hemos comprado por ti - saltó Pablo tratando de zanjar la trágica noticia.
- ¡Ah! ¿No llevan frutos secos?
- No.
- ¡Es todo un detalle! Muchas gracias- contestó Fernanda con alegría mientras mordía una de las pastas.
- Hagamos un descansito. Esto de ganar siempre me agota- presumió Alex.
Charlaron durante media hora entre pasta y pasta. Pablo y Alex parecían ser los más animados de la mesa mientras Fernanda y Diana hablaban de sus cosas pese al estado decaído de esta última. Viendo que apenas quedaba comida y bebida en mesa, retomaron la partida.
- Cariño estás muy conservadora esta partida, apenas has apostado.
- No tengo mucho ánimo. Ni siquiera se cómo podéis jugar con todo lo que ha pasado.
- ¿Y qué quieres que hagamos que nos pongamos a llorar todos? La vida sigue, no se puede estar siempre amargado - contestó Pablo agarrando a su mujer de la mano con ternura.
- Disculpadme, tengo que ir al servicio. Aún sigo un poco revuelta de la semana pasada. Ahora vengo - interrumpió Fernanda que se levantó como un resorte de la silla mientras la partida continuaba.
- Trescientos - apostó Alex una vez más llevando la iniciativa.
- ¿Trescientos? Sabes de sobra que no llego, me faltan cien - contestó Pablo mientras contaba su dinero con angustiosa rapidez.
- Pues como no cojas el dinero de tu mujer, me da que no vas a llegar a mi cantidad.
- Cariño, ¿me dejas lo que me falta?
- Sabes de sobra que vas a perder. Alex siempre gana.
- Venga no seas aguafiestas. Si seguro que va de farol como en toda la partida.
- Como veas, si total el dinero es tuyo…
- ¡Te prohíbo que vuelvas a decir eso! Sabes que todo lo mío es tuyo - contestó Pablo mientras besaba en la mejilla a Diana.
- ¿Entonces qué? ¿Los ves?
- Lo veo y que sea lo que Dios quiera. Tengo poker de cuatros.
- Pues me da que Dios no te quiere mucho Pablo. Poker de reyes.
- ¡Es increíble! Ya ni con un poker es posible ganarle - exclamó Pablo buscando en su mujer una mirada de compasión ya que se lo había advertido.
Alex encendió un nuevo cigarro con la sonrisa del que se sabe ganador. Sin embargo, se percató de que algo raro estaba pasando.
- Por cierto, nos hemos olvidado de Fernanda. Lleva un largo rato en el baño, ¿se habrá quedado dormida?
Los cuatro se miraron con inquietud y fueron al baño a ver si estaba todo en orden. Entre tanto trasiego, Alex aprovechó para darle un pequeño pellizco en el trasero a Diana percatándose de que Pablo estaba mucho más adelantado de camino al baño y sería imposible que viese nada. Esta le apartó radicalmente la mano pero su picara sonrisa hacía deducir que no le había desagradado en absoluto y que en parte lo deseaba.
CONTINUARÁ...
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas" (Jean-Jacques Rousseau).
domingo, 3 de febrero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
Poker de almas (4)
- Madre mía, ¿pero cómo ha sido?
- Al perecer se ha suicidado, estaba ahorcado. - respondió Pablo mientras abrazaba a su mujer desconsolada.
- Bueno, al menos no volverá a perder dinero jugando al poker - saltó Fernanda mientras recibía miradas de odio por todos los lados.
- Es una broma para aliviar el mal trago, no me miréis así.
- En fin, vamos a jugar que hay mucho dinero en juego. Apagaremos las luces y encenderemos una vela en honor a Víctor. Se que nunca nos cayó bien a ninguno, pero es una persona y merece respeto.
- Tienes razón Pablo. Aunque no sé si tu mujer está en condiciones de apostar.
- Tranquilo, si veo que empieza a hacer disparates con el dinero apostaré yo por ella. Vamos a jugar.
Los primeros instantes de la partida fueron fríos y de poco movimiento. Todo el mundo estaba consternado por la muerte de Víctor. Diana era la más afectada, no podía parar de lagrimear. Alex y Pablo trataban de mantener la entereza y Fernanda, pese a hacerse la dura, también estaba abatida.
- ¿Fernanda hoy no bebes?
- No hijo, y no te creas que no tengo ganas de un mojito de los tuyos pero desde el otro día ando revuelta.
- Llevas toda la noche a base de agua, ¡te van a salir branquias!
- Vale, después de esta mano me preparas uno.
- ¡Claro que sí mujer! Hay que animarse.
La partida transcurría sin mayor emoción. Diana y Pablo se plantaron. Una no tenía la cabeza puesta precisamente en la partida y el otro no estaba teniendo su mejor noche, apenas le quedaba dinero. Aprovechando su plantón, ambos se fueron a la cocina a preparar el mojito de Fernanda mientras hablaban de la trágica noticia. Mientras tanto, la partida parecía coger interés.
- Doscientos.
- Veo.
- Te aviso que voy cargada jovencito.
- Ya sabes de sobra que a mí no me asusta nada
- Qué raro lo de Víctor, así de la noche a la mañana se suicida.
- Siempre fue un tipo raro.
- De eso no hay duda, pero no creo que fuese un suicida - zanjó Fernanda mirando fijamente a Alex con cara de sospecha.
- Cuando me dejaste en casa la semana pasada, ¿a dónde fuiste después?
- ¿A dónde voy a ir? ¡Pues a mi casa!
- ¿Seguro?
- ¿Qué eres mi madre?
- No, para nada. Lo único que cuando fui a bajar las persianas para echarme a dormir vi que giraste en dirección contraria y tu casa está dos calles más para abajo de la mía.
- ¿Me estás acusando de algo? Fui a echar gasolina. Tú como no sabes conducir te crees que los coches
andan solos.
En plena tensión aparecieron Pablo y Diana con el mojito de Fernanda y unas pastas de chocolate para amenizar la partida.
CONTINUARÁ...
- Al perecer se ha suicidado, estaba ahorcado. - respondió Pablo mientras abrazaba a su mujer desconsolada.
- Bueno, al menos no volverá a perder dinero jugando al poker - saltó Fernanda mientras recibía miradas de odio por todos los lados.
- Es una broma para aliviar el mal trago, no me miréis así.
- En fin, vamos a jugar que hay mucho dinero en juego. Apagaremos las luces y encenderemos una vela en honor a Víctor. Se que nunca nos cayó bien a ninguno, pero es una persona y merece respeto.
- Tienes razón Pablo. Aunque no sé si tu mujer está en condiciones de apostar.
- Tranquilo, si veo que empieza a hacer disparates con el dinero apostaré yo por ella. Vamos a jugar.
Los primeros instantes de la partida fueron fríos y de poco movimiento. Todo el mundo estaba consternado por la muerte de Víctor. Diana era la más afectada, no podía parar de lagrimear. Alex y Pablo trataban de mantener la entereza y Fernanda, pese a hacerse la dura, también estaba abatida.
- ¿Fernanda hoy no bebes?
- No hijo, y no te creas que no tengo ganas de un mojito de los tuyos pero desde el otro día ando revuelta.
- Llevas toda la noche a base de agua, ¡te van a salir branquias!
- Vale, después de esta mano me preparas uno.
- ¡Claro que sí mujer! Hay que animarse.
La partida transcurría sin mayor emoción. Diana y Pablo se plantaron. Una no tenía la cabeza puesta precisamente en la partida y el otro no estaba teniendo su mejor noche, apenas le quedaba dinero. Aprovechando su plantón, ambos se fueron a la cocina a preparar el mojito de Fernanda mientras hablaban de la trágica noticia. Mientras tanto, la partida parecía coger interés.
- Doscientos.
- Veo.
- Te aviso que voy cargada jovencito.
- Ya sabes de sobra que a mí no me asusta nada
- Qué raro lo de Víctor, así de la noche a la mañana se suicida.
- Siempre fue un tipo raro.
- De eso no hay duda, pero no creo que fuese un suicida - zanjó Fernanda mirando fijamente a Alex con cara de sospecha.
- Cuando me dejaste en casa la semana pasada, ¿a dónde fuiste después?
- ¿A dónde voy a ir? ¡Pues a mi casa!
- ¿Seguro?
- ¿Qué eres mi madre?
- No, para nada. Lo único que cuando fui a bajar las persianas para echarme a dormir vi que giraste en dirección contraria y tu casa está dos calles más para abajo de la mía.
- ¿Me estás acusando de algo? Fui a echar gasolina. Tú como no sabes conducir te crees que los coches
andan solos.
En plena tensión aparecieron Pablo y Diana con el mojito de Fernanda y unas pastas de chocolate para amenizar la partida.
CONTINUARÁ...
miércoles, 23 de enero de 2013
Poker de almas (3)
- La verdad que desde que Víctor se fue la partida está mucho más igualada. Aunque Fernanda anda justita- dijo Alex mientras encendía un cigarro como si estuviese en su propia casa.
- Ese hijo del diablo lo único que hace siempre es molestar.
- Por favor Fernanda, no seas brusca tú también.
- Es cierto Diana, tú misma sabes que tengo razón. Continuamente con ese mal humor y siempre metiéndose conmigo. ¿Qué le habré hecho yo?
- Quizá solo es machista o racista. Déjale, está muy solo.
- Yo creo que es de la acera de enfrente- saltó Pablo.
- ¿Y eso qué mas da?- respondió Diana con cara de incredulidad.
- Pues muy sencillo, que vive reprimido y no es capaz de ser él mismo. Por eso se comporta de ese modo.
- Eso es una bobada y lo sabes. Además las mujeres nos damos cuenta de esas cosas y ni Fernanda ni yo hemos notado nada, ¿a que no Fernanda?
En ese preciso momento Fernanda empezó a encontrarse mal. Estaba blanca como la leche y temblaba como si en la casa estuviesen a bajo cero.
- ¿Qué te pasa? Estás pálida.
- No me encuentro bien…
- Claro, el mojito… Bueno no, más bien LOS mojitos - dijo Alex irónicamente.
- Necesito irme a casa. Creo que me vendrá bien descansar. Llamaré a un taxi.
- ¡Pero qué dices mujer! ¿Estás loca? Te saldrá por un ojo de la cara. Te acerco yo
- En serio Pablo, muchas gracias pero no quiero ser molestia. Mejor me cojo un taxi. Además no vas a dejar a tu mujer sola con todo lo que hay que recoger.
- Eso tiene fácil arreglo, te llevo yo. Así no hacemos salir a Pablo de su casa, Diana no se queda sola y a mi me queda al lado acercarte - se anticipó Alex galánmente.
- No, de verdad, no quisiera…
- ¡No hay más que hablar! Te acerco yo que me pilla de paso.
- ¡Perfecto! - Zanjó Pablo. La semana que viene seguimos con la partida. Os vemos aquí a la misma hora.
Avisar a Víctor también.
A la semana siguiente volvieron a reunirse en la misma casa a la misma hora. En esta ocasión Alex fue el último en llegar. Llamó al timbre y Pablo y Diana fueron a abrirle.
- Hola anfitrión, veo que ya habéis puesto todo. Diana, estás tan guapa como la semana anterior. Y Víctor qué, ¿tarde cómo el otro día?
Durante pocos segundos se produjo un incomodo silencio que no hacía presagiar buenas noticias.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Alex con preocupación.
- Acabamos de recibir una llamada de la madre de Víctor. Se lo ha encontrado muerto esta mañana en la ducha. - le comunicó Diana antes de romper a llorar.
CONTINUARÁ...
- Ese hijo del diablo lo único que hace siempre es molestar.
- Por favor Fernanda, no seas brusca tú también.
- Es cierto Diana, tú misma sabes que tengo razón. Continuamente con ese mal humor y siempre metiéndose conmigo. ¿Qué le habré hecho yo?
- Quizá solo es machista o racista. Déjale, está muy solo.
- Yo creo que es de la acera de enfrente- saltó Pablo.
- ¿Y eso qué mas da?- respondió Diana con cara de incredulidad.
- Pues muy sencillo, que vive reprimido y no es capaz de ser él mismo. Por eso se comporta de ese modo.
- Eso es una bobada y lo sabes. Además las mujeres nos damos cuenta de esas cosas y ni Fernanda ni yo hemos notado nada, ¿a que no Fernanda?
En ese preciso momento Fernanda empezó a encontrarse mal. Estaba blanca como la leche y temblaba como si en la casa estuviesen a bajo cero.
- ¿Qué te pasa? Estás pálida.
- No me encuentro bien…
- Claro, el mojito… Bueno no, más bien LOS mojitos - dijo Alex irónicamente.
- Necesito irme a casa. Creo que me vendrá bien descansar. Llamaré a un taxi.
- ¡Pero qué dices mujer! ¿Estás loca? Te saldrá por un ojo de la cara. Te acerco yo
- En serio Pablo, muchas gracias pero no quiero ser molestia. Mejor me cojo un taxi. Además no vas a dejar a tu mujer sola con todo lo que hay que recoger.
- Eso tiene fácil arreglo, te llevo yo. Así no hacemos salir a Pablo de su casa, Diana no se queda sola y a mi me queda al lado acercarte - se anticipó Alex galánmente.
- No, de verdad, no quisiera…
- ¡No hay más que hablar! Te acerco yo que me pilla de paso.
- ¡Perfecto! - Zanjó Pablo. La semana que viene seguimos con la partida. Os vemos aquí a la misma hora.
Avisar a Víctor también.
A la semana siguiente volvieron a reunirse en la misma casa a la misma hora. En esta ocasión Alex fue el último en llegar. Llamó al timbre y Pablo y Diana fueron a abrirle.
- Hola anfitrión, veo que ya habéis puesto todo. Diana, estás tan guapa como la semana anterior. Y Víctor qué, ¿tarde cómo el otro día?
Durante pocos segundos se produjo un incomodo silencio que no hacía presagiar buenas noticias.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Alex con preocupación.
- Acabamos de recibir una llamada de la madre de Víctor. Se lo ha encontrado muerto esta mañana en la ducha. - le comunicó Diana antes de romper a llorar.
CONTINUARÁ...
domingo, 20 de enero de 2013
Poker de almas (2)
- Apuesto cien
- Cincuenta más
- Veo que vienes avasallando, como siempre...
- Yo me planto. Anda Pablo, prepárame otro mojito.
- Es el tercero ya, tú verás…
- Si tú también te has plantado, así que mientras tráeme uno - le dijo Fernanda con ese tono amable que siempre la caracterizaba.
- Voy yo cariño, así Fernanda me cuenta cotilleos. Ya sabéis cómo somos las mujeres a veces - se anticipó Diana con ternura. Ambas se levantaron rumbo a la cocina.
- Bueno Víctor, Sólo quedamos tú y yo. ¿Cincuenta más o tienes miedo?
- Sólo te queda eso, te vas a ir el primero como pierdas - le avisó Pablo poniéndole la mano en el hombro. Esos segundos de silencio incomodo en los que Víctor meditaba su decisión fueron cortados por un plato que se rompió en la cocina.
- Llegados a este punto me da igual.
- Esto me suena a hace un año, fuiste la primera víctima de Alex. ¿Recuerdas?
- ¿Por qué no vas con tu mujer a la cocina y dejas de meterme cizaña? Además este es un juego de hombres. Veo tus cincuenta y los diez que me quedan.
Al tono arisco de Víctor se sumo un fuerte ataque de tos que mantuvo interrumpida la partida segundos que se hicieron tan largos como meses.
- Tienes que cuidarte más.
- Sí, sí… lo que tú digas. Enseña las cartas.
- Trío de dieces. A poquito que tengas algo me ganas - dijo Alex con su típica ironía mientras Víctor suspiraba de agobio.
- Doble pareja… Has vuelto a ganar.
- Te lo dije, era mejor que te hubieses plantado.
- Y yo te dije que fueses con tu mujer a la cocina, ¡gafe!
- Es sólo una partida, no te pongas así hombre - trató de calmar Alex el ambiente mientras ordenaba su dinero recién ganado.
- Claro, lo que yo decía, mientras ganes tú siempre sólo es una partida… En fin, me voy a casa.
- Venga Víctor no te pongas así. Te preparo un mojito.
- Déjalo, me aburre siempre lo mismo. Resultaría más emocionante jugarse la vida.
- No digas bobadas y acepta el mojito de Pablo, que los hace bien ricos. Y si no que se lo pregunten a Fernanda.
- En serio, me voy. Ya no aguanto más aquí. Buenas noches caballeros. !Y tú vigila a tu mujer! Que está muy guapa y hay mucho buitre.
Víctor cogió su abrigo aún mojado y salió de casa de Pablo y Diana sin decir mucho más. Se le notaba humillado, aunque bien es cierto que su cara no acostumbraba a reflejar demasiada simpatía.
- ¿Cómo van los hombres de la casa? ¿Y Víctor dónde se ha metido? ¿Está en el baño?
- No cariño, se ha ido a casa. Alex ha terminado de desplumarle.
- Vaya, igualito que la última vez. ¿Qué tienes en contra de él Alex?- dijo Diana entre risas.
- Absolutamente nada, pero ya sabes cómo es el juego. Si no sabe jugar es mejor que haga lo que ha hecho: irse.
CONTINUARÁ...
- Cincuenta más
- Veo que vienes avasallando, como siempre...
- Yo me planto. Anda Pablo, prepárame otro mojito.
- Es el tercero ya, tú verás…
- Si tú también te has plantado, así que mientras tráeme uno - le dijo Fernanda con ese tono amable que siempre la caracterizaba.
- Voy yo cariño, así Fernanda me cuenta cotilleos. Ya sabéis cómo somos las mujeres a veces - se anticipó Diana con ternura. Ambas se levantaron rumbo a la cocina.
- Bueno Víctor, Sólo quedamos tú y yo. ¿Cincuenta más o tienes miedo?
- Sólo te queda eso, te vas a ir el primero como pierdas - le avisó Pablo poniéndole la mano en el hombro. Esos segundos de silencio incomodo en los que Víctor meditaba su decisión fueron cortados por un plato que se rompió en la cocina.
- Llegados a este punto me da igual.
- Esto me suena a hace un año, fuiste la primera víctima de Alex. ¿Recuerdas?
- ¿Por qué no vas con tu mujer a la cocina y dejas de meterme cizaña? Además este es un juego de hombres. Veo tus cincuenta y los diez que me quedan.
Al tono arisco de Víctor se sumo un fuerte ataque de tos que mantuvo interrumpida la partida segundos que se hicieron tan largos como meses.
- Tienes que cuidarte más.
- Sí, sí… lo que tú digas. Enseña las cartas.
- Trío de dieces. A poquito que tengas algo me ganas - dijo Alex con su típica ironía mientras Víctor suspiraba de agobio.
- Doble pareja… Has vuelto a ganar.
- Te lo dije, era mejor que te hubieses plantado.
- Y yo te dije que fueses con tu mujer a la cocina, ¡gafe!
- Es sólo una partida, no te pongas así hombre - trató de calmar Alex el ambiente mientras ordenaba su dinero recién ganado.
- Claro, lo que yo decía, mientras ganes tú siempre sólo es una partida… En fin, me voy a casa.
- Venga Víctor no te pongas así. Te preparo un mojito.
- Déjalo, me aburre siempre lo mismo. Resultaría más emocionante jugarse la vida.
- No digas bobadas y acepta el mojito de Pablo, que los hace bien ricos. Y si no que se lo pregunten a Fernanda.
- En serio, me voy. Ya no aguanto más aquí. Buenas noches caballeros. !Y tú vigila a tu mujer! Que está muy guapa y hay mucho buitre.
Víctor cogió su abrigo aún mojado y salió de casa de Pablo y Diana sin decir mucho más. Se le notaba humillado, aunque bien es cierto que su cara no acostumbraba a reflejar demasiada simpatía.
- ¿Cómo van los hombres de la casa? ¿Y Víctor dónde se ha metido? ¿Está en el baño?
- No cariño, se ha ido a casa. Alex ha terminado de desplumarle.
- Vaya, igualito que la última vez. ¿Qué tienes en contra de él Alex?- dijo Diana entre risas.
- Absolutamente nada, pero ya sabes cómo es el juego. Si no sabe jugar es mejor que haga lo que ha hecho: irse.
CONTINUARÁ...
miércoles, 16 de enero de 2013
Poker de almas (1)
- Es un placer veros aquí de nuevo. Parece que fue ayer la última vez que nos vimos. De verdad, muchas gracias por venir.
- Gracias a ti Pablo. Y sobre todo a ti Diana. Veo que estás incluso más guapa que la última vez, y mira que parecía difícil porque estabas impresionante.
- De verdad Alex... tú como siempre tan galán - dijo Diana entre risas y tocándose el pelo algo nerviosa.
- ¡Déjense de chácharas y empecemos a jugar de una vez!
- Aún falta Víctor, llegará tarde como de costumbre- dijo Alex con cierto pesimismo.
- Tranquila Fernanda, mientras te pongo un mojito y así nos vamos animando. ¿Cómo anda tu marido?
- Ahí sigue querido... no muy bien la verdad. Encima ahora está enfermo, como si no tuviese poco con lo suyo el pobre
- Vaya... no sabes cuanto lo siento.
- Gracias Diana, las cosas son como son - respondió Fernanda mientras Pablo llegaba con un mojito que parecía sobrecargado de menta.
- ¡Bueno, bueno! No pensemos en lo peor. Aquí tienes tu mojito, seguro que hace que se te pasan los males. Además el ron es de tu tierra y de 20 años.
Fernanda bebió entre lágrimas un buen trago de aquel mojito. Sin duda el ron no era cubano de 20 años, ya que además del juego, era una gran experta en bebida, pero lo bebió como si lo fuese. Mientras llamaron al timbre.
- Este debe ser Víctor.
- No te preocupes cariño, ya abro yo - se anticipó Diana impidiendo que su marido fuese a abrir a la vez que miró de reojo a Álex sonriendo.
- Buenas noches, disculpad el retraso.
Víctor era un hombre un tanto excéntrico, solitario y generalmente amargo. Desde joven arrastraba problemas de tos y nunca se le había conocido mujer. En el banco sus compañeros de trabajo siempre especulaban con que era homosexual, pero él jamás se pronunció al respecto. Lo cierto es que fuese cual fuese su orientación sexual, su carácter era un tanto depresivo y su aspecto mal cuidado.
- Anda dame el abrigo, que por cierto lo tienes empapado y siéntate junto a Fernanda.
- ¿Ya está borracha la colombiana?- Víctor se sentó sin ni siquiera mirarla.
- No, no lo está. Y no es colombiana, sino cubana. Podrías mostrarte por una vez un poco más simpático, que hace un año que no nos vemos y sigues tan agrio como la última vez...
- Bueno, basta de tonterías. ¡A jugar ya! - exclamó Pablo con ganas de aliviar la tensión que se había generado desde la llegada de Víctor.
- Así me gusta, eso es un buen anfitrión
- No me extraña que estés de acuerdo en empezar ya Alex, como tú siempre ganas... Aún recuerdo la del año pasado...
- Es una manía que tengo. Ganar al poker y follar son las dos cosas que mejor se me dan - dijo Alex con cierto tono fanfarrón acompañado de las risas del resto de la mesa a excepción de Diana.
- Y encima te reímos las gracias... así da gusto.
- Anda Víctor, no seas antipático y disfruta de la partida.
- ¡Ya habló doña feliz! Claro, como la señorita tiene un marido millonario que todo se lo paga no le importa perder.
- ¡No te pases de listo!
- Tranquilo Alex, cualquiera diría que es tu esposa y no la de Pablo.
En ese momento y sin saber por qué, Fernanda derramó lo poco que le quedaba de mojito sobre la mesa. Fue sin duda un golpe de alivio porque el ambiente empezaba a estar demasiado cargado y sirvió para zanjar definitivamente la polémica mientras limpiaban la mesa con las servilletas bordadas en dorado. Tras esto, todo el mundo sacó su correspondiente dinero y comenzaron a jugar.
CONTINUARÁ...
- Gracias a ti Pablo. Y sobre todo a ti Diana. Veo que estás incluso más guapa que la última vez, y mira que parecía difícil porque estabas impresionante.
- De verdad Alex... tú como siempre tan galán - dijo Diana entre risas y tocándose el pelo algo nerviosa.
- ¡Déjense de chácharas y empecemos a jugar de una vez!
- Aún falta Víctor, llegará tarde como de costumbre- dijo Alex con cierto pesimismo.
- Tranquila Fernanda, mientras te pongo un mojito y así nos vamos animando. ¿Cómo anda tu marido?
- Ahí sigue querido... no muy bien la verdad. Encima ahora está enfermo, como si no tuviese poco con lo suyo el pobre
- Vaya... no sabes cuanto lo siento.
- Gracias Diana, las cosas son como son - respondió Fernanda mientras Pablo llegaba con un mojito que parecía sobrecargado de menta.
- ¡Bueno, bueno! No pensemos en lo peor. Aquí tienes tu mojito, seguro que hace que se te pasan los males. Además el ron es de tu tierra y de 20 años.
Fernanda bebió entre lágrimas un buen trago de aquel mojito. Sin duda el ron no era cubano de 20 años, ya que además del juego, era una gran experta en bebida, pero lo bebió como si lo fuese. Mientras llamaron al timbre.
- Este debe ser Víctor.
- No te preocupes cariño, ya abro yo - se anticipó Diana impidiendo que su marido fuese a abrir a la vez que miró de reojo a Álex sonriendo.
- Buenas noches, disculpad el retraso.
Víctor era un hombre un tanto excéntrico, solitario y generalmente amargo. Desde joven arrastraba problemas de tos y nunca se le había conocido mujer. En el banco sus compañeros de trabajo siempre especulaban con que era homosexual, pero él jamás se pronunció al respecto. Lo cierto es que fuese cual fuese su orientación sexual, su carácter era un tanto depresivo y su aspecto mal cuidado.
- Anda dame el abrigo, que por cierto lo tienes empapado y siéntate junto a Fernanda.
- ¿Ya está borracha la colombiana?- Víctor se sentó sin ni siquiera mirarla.
- No, no lo está. Y no es colombiana, sino cubana. Podrías mostrarte por una vez un poco más simpático, que hace un año que no nos vemos y sigues tan agrio como la última vez...
- Bueno, basta de tonterías. ¡A jugar ya! - exclamó Pablo con ganas de aliviar la tensión que se había generado desde la llegada de Víctor.
- Así me gusta, eso es un buen anfitrión
- No me extraña que estés de acuerdo en empezar ya Alex, como tú siempre ganas... Aún recuerdo la del año pasado...
- Es una manía que tengo. Ganar al poker y follar son las dos cosas que mejor se me dan - dijo Alex con cierto tono fanfarrón acompañado de las risas del resto de la mesa a excepción de Diana.
- Y encima te reímos las gracias... así da gusto.
- Anda Víctor, no seas antipático y disfruta de la partida.
- ¡Ya habló doña feliz! Claro, como la señorita tiene un marido millonario que todo se lo paga no le importa perder.
- ¡No te pases de listo!
- Tranquilo Alex, cualquiera diría que es tu esposa y no la de Pablo.
En ese momento y sin saber por qué, Fernanda derramó lo poco que le quedaba de mojito sobre la mesa. Fue sin duda un golpe de alivio porque el ambiente empezaba a estar demasiado cargado y sirvió para zanjar definitivamente la polémica mientras limpiaban la mesa con las servilletas bordadas en dorado. Tras esto, todo el mundo sacó su correspondiente dinero y comenzaron a jugar.
CONTINUARÁ...
lunes, 3 de diciembre de 2012
Sin rastro
martes, 27 de noviembre de 2012
Perros rabiosos
Fácil lo tienen los colonizadores de la moral
que echando toneladas de carne en el asador
saturan la inteligencia del personal
dejando nada en su interior
Perros rabiosos de su verdad
crean un desierto mental a golpe de vanidad
arrasando todo cuanto ven
roban el sol hasta al mismísimo amanecer
Y mucho cuidado con decir lo contrario
no vaya a ser que me tachen de libertario;
que aquí somos todos muy democráticos
y podemos ofender a los falsos melodramáticos
Concluye este pésimo orador
que ya está bien por hoy;
porque si un defecto tiene un servidor
es que sé de dónde vengo y a dónde voy.
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