domingo, 12 de enero de 2014

viernes, 29 de noviembre de 2013

Roma (1)

Por mucho que lloviese en aquella tarde de primavera, nada era comparable al mar de dudas que su cabeza generaba tras millones de gotas que caían sobre su paraguas. Tras un considerable paseo por el sendero más largo hacia su casa, Nadia abrió rápidamente la puerta de su pequeño apartamento, no sin antes mancharse de barro sus diminutas manos. Sólo tenía dos llaves: la de la puerta de su casa y la del coche. Pese a que no había confusión, ese día se mostraba más nerviosa de lo habitual, por lo que al sacar las llaves de su bolsillo se le cayeron en el charco que siempre se formaba en la entrada de su casa cada vez que había un aguacero como el de ese día. Nadia no era una chica más. Cuando llovía no sólo se servía de su paraguas azul sino que también usaba uno de sus múltiples gorros para que su corto pero cuidado cabello quedara intacto frente a la humedad. Cuando se puso cómoda, comenzó a preparar la cena. Era pronto, algo más de las ocho, pero ella no era precisamente de cenar al horario español. Más bien odiaba todo lo relacionado con la cultura española, incluso la paella, aquella paella que tantas noches había tenido que tragar de niña cuando veraneaba con su familia en Valencia. Tras prepararse su ensalada favorita, empezó a ojear el catálogo de viajes que su amiga Quelma le había dado pocas horas antes. La conocía desde que ambas tenían cinco años, pero dos décadas después e infinitas noches de risas y diversión no habían sido suficientes para saber por qué se hacía llamar así. Y lo más curioso, por qué nadie le preguntaba el origen de su nombre. Sonó el teléfono y, pese a estar cenando, se levantó de la mesa para ir a la esquina de la cocina a cogerlo.

- ¿Dígame?

- ¡Nena! ¿Has visto ya el catálogo que te he dejado?

- Justo ahora le estaba echando un vistazo. La verdad es que tiene muy buena pinta todo allí.

- Ya verás, lo vamos a pasar de lujo. Además los italianos están tremendos.

- Si yo ya se a lo que vas tú. Pobre Teo, menuda le ha caído contigo.

- ¡Qué va mujer! Si no se entera de nada. Además, ya sabes que una necesita desfogarse un poco de vez en cuando…

- Pero si es tu novio deberías respetarle más y no engañarle tanto… ¿O pretendes que me trague que es la primera vez que le vas a poner los cuernos?

- Mira, como veo que te estás poniendo moralista te dejo que sigas cenando que se te escucha masticar esa ensalada asquerosa que te preparas.

Entre risas colgaron y Nadia terminó de cenar. Los últimos meses no habían sido precisamente brillantes en su vida pero al menos había ahorrado lo suficiente como para permitirse el capricho de hacer un viaje. Sin embargo, últimamente se notaba más viva. Tenía la sensación como si algo que llevase mucho tiempo esperando fuese a cumplirse. 

CONTINUARÁ...

jueves, 21 de noviembre de 2013

El diablo lleva un vestido de flores



Los verdaderos héroes no aguantan el mundo, por eso se marchan de él. Y cuando no es así, alguien que pretende emularles en popularidad se encarga de hacerles ese favor. Generalmente, piensan que les han hecho la mayor faena. Se equivocan. 

domingo, 4 de agosto de 2013

Anochece


Llevo una mochila de aventurero que pesa toneladas y toneladas de dignidad. No sé qué hago allí, pero el paisaje no es del todo feo. Está nublado, como a mi me gusta, y la gente está incluso más pálida que yo, algo que me hace sentir superior. Aunque pensándolo bien, me cuestiono si la felicidad allí va según lo blanco que uno sea. Entonces, ¿eso implica que soy el más infeliz de todos?

Sea como sea, la realidad es que todo lo que tienen de pálidos felices lo tienen de poco habladores. Me mandan a una dirección que parece estar lejos, así que lo mejor que puedo hacer es dejar la mochila en el suelo e irme para allá. Cuando llego ya ha anochecido. Hay mucha gente joven y parecen irse del sitio en el que estaban. Tienen aires de rebeldía, espero que no sean del 15-M porque no les suelo caer bien. Entre la multitud te encuentro. Me pregunto si también serás del 15-M, pero rápidamente esta estupidez desaparece de mi cabeza porque tenemos cosas más importantes de las que hablar.

Ha tenido que pasar mucho tiempo para que te pongas en contacto conmigo. Después de despedirte de mi mostrándome tus buenos deseos ("te mereces todo lo malo que te pueda pasar"), por fin vas a explicarme sin rodeos y con calma cual es el motivo de tu odio y yo voy a poder pedirte perdón. Pese a que estoy nervioso, te exijo que me mires a los ojos mientras me hablas porque para eso los tengo. Haces bien en no quitarme la vista de encima, porque si lo haces igual vuelvo en mi y otra vez a esperar. El caso es que sin saber muy bien por qué, tu explicación ha conseguido justamente lo que buscaba. Ahora mi ansiedad espera en libertad. 

Aquel que llegó a la conclusión de que diez mujeres son veinte tetas entendió la vida de otra manera. No sé si bien o mal, pero de otra forma. Porque ir de frente y decir lo que piensas en cada momento es más sencillo que callarte y esperar a que tus palabras se las coma el viento. A mi no se me van a estancar en un simple 23 de abril y encima que mis últimas frases sean en inglés. Ya que estás en el Cuerpo Nacional de Policía que por lo menos tus últimas palabras sean en español, ¿no crees? 

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6:

- Las que suenan cada vez menos.

- Los años que hace que llovió a ritmo de "Regular John" mientras trataba, sin mucho éxito, de experimentar algo que todos los adolescentes sobreestiman. 

- Los meses que lleva oxidándose mi coleta al lado de Goyo.

- Un nueve al revés.

- Los meses que he pasado de ti.

- El número de la bestia

sábado, 3 de agosto de 2013

Poker de almas (6)

- Vamos a tener que echar la puerta abajo porque esta mujer ha puesto el pestillo

- ¡Qué dices Alex! ¿Tú sabes lo que cuesta esta puerta? -contestó Pablo exaltado-

- Entonces dime tú que hacemos, ¿la dejamos ahí dentro?

- Hazle caso Pablo, es más importante Fernanda que la puerta -dijo Diana con voz temblorosa.

Pese a que Alex no era de corpulencia raquítica, tuvo que servirse de la ayuda de Pablo para derribar la puerta. Tras varios esfuerzos, consiguieron abrir y observaron a Fernanda tirada en el suelo.

- ¡Dios mío! ¡Está muerta! -gritó Diana al tiempo que rompía a llorar.

- Yo lo comprobaré, que para algo soy medico. Llévate a mi mujer de aquí Alex.


Mientras los dos se dirigían a la cocina, Diana no podía parar de gritar. Estaba fuera de sí, desquiciada por completo.
- Esto no puede estar pasando, dos muertes seguidas. 

- Tranquilízate Diana. Será mejor llamar a la ambulancia.

- ¿No te das cuenta? Esto no puede ser por casualidad. Cada vez que alguien pierde su dinero contra ti muere. Es como una maldición.

- ¡Estás paranoica! Le habrá dado un infarto, estaba mal de salud desde el otro día.

- No es un infarto, estoy segura. Hay que seguir jugando Alex. 

Mientras, y tras cerciorarse de que Fernanda había muerto, Pablo escuchaba atentamente detrás de la puerta la discusión acalorada que mantenían Alex y Diana.

- Eso es lo que más te gusta, jugar con todo. Juegas con tu marido, engañándole conmigo, y juegas conmigo quedándote con él cuando sabes que a quien quieres es a mi. Llevas años diciéndome que te fugarás conmigo y no lo haces. Sólo te interesa el dinero.

- ¿Pero es que no lo ves? ¡Hay que jugar para ver quien es el siguiente y descubrir qué está pasando!

El punto y final de la discusión lo puso la entrada de Pablo en la cocina. Su rostro era todo un poema. Reunía la tristeza de haber comprobado como Fernanda estaba muerta y a la vez el odio de haberse enterado que su mujer le había sido infiel durante años con su buen amigo.

- ¿Ha muerto? -preguntó Diana sin percatarse de que Pablo había escuchado todo.

- Sí, ha muerto. Y a mi me acabas de matar también. He escuchado como hablabais de vuestro romance. ¿Cómo habéis podido?

- Pablo te juro que yo…

- Ahora lo entiendo todo. Estabas conmigo solo por mi dinero. No tienes corazón Diana.

Desesperado por la situación, Pablo cogió el cuchillo que había sobre la encimera de la cocina. Ante los llorosos ojos de su mujer y deL rostro sudoroso de Alex, se clavó el cuchillo en el corazón. Pocos segundos después, moría en el suelo con el último recuerdo de la infidelidad de su preciosa mujer.

- ¿Lo ves ahora?

- ¿Si veo el qué?

- Otro que acaba de morir y acababa de perder antes también. 

- ¿Tu marido acaba de suicidarse y sigues con lo mismo? Estás loca, la única que está perdida eres tú. ¡Me voy a casa!

- Por favor Alex confía en mi. Sólo una partida más y nos olvidamos de todo esto. Empezamos una vida tu y yo desde cero que es lo que queríamos. Una vida real.

Tras unos segundos de indecisión, Alex aceptó la propuesta de Diana y caminaron rumbo al salón para jugar la partida definitiva. Mientras transcurría el juego, las velas se apagaron y Alex las volvió a encender.

- Bueno, la última mano. ¿Cuántas?

- Yo estoy servida.

- Madre mía, vas fuerte. Miedo me das.

- Ya, seguro -dijo Diana con ironía-

- Pues aquí llega el momento de la verdad. Saca tus cartas.

- Poker de ases -mostró Diana con mezcla de satisfacción y tensión mientras un silencio interminable recorría la partida.

- Venga Alex, saca las tuyas que me muero de los nervios.

- Poker de almas.

- ¿Perdón?- preguntó Diana con risa nerviosa.

Ante la incertidumbre de Diana, Alex sacó un bolígrafo de su chaqueta y escribió en la parte de atrás de las cuatro cartas los nombres de sus amigos en cada una que ellas.

- Víctor, Fernanda, Pablo y Diana. Poker de almas. ¿Tanto decirme antes que si no entendía nada y ahora la que no entiendes eres tú?

- ¡Fuiste tú! Estaba convencida de que no fueron muertes normales.

- Sí, fui yo. La verdad es que te creía más lista. Te lo estaba poniendo en bandeja desde el principio y tú sin enterarte. 

- Pero, cómo...

- ¡Pues muy sencillo! -interrumpió Alex a carcajadas- A Víctor me lo cargué nada más dejar a Fernanda en su casa. La muy perra empezó a sospechar de mi y eso me hizo acelerar mucho más mi plan. Tuve que matarla también introduciendo pequeños trozos de almendras y nueces en las pastas que a la pobre cubana no le hacían ningún bien como ya has podido ver. 

- ¿Pero y Pablo? A él no le mataste.

- Bastó con que se diese cuenta de que le eras infiel conmigo para que él mismo hiciera el trabajo por mi. La verdad es que me lo puso en bandeja y encima a eso se sumó tu intuición sobre todo lo que estaba pasando. No me puedo quejar.

- ¿Porqué has hecho todo esto?

- Tenía que demostrarte hasta qué punto el juego y el dinero han podido siempre con nuestras vidas -contestó Alex mientras sacaba una pistola de su chaqueta-

- Supongo que vas a matarme como a todos los demás.

Tras escuchar la conclusión de Diana, Alex no podía parar de reírse. Parecía poseído por la risa ante la inquieta mirada de Diana. 

- ¿De qué te ríes?

- No has entendido nada. Eres tan egoísta que sólo te importa tu vida. ¿No te has fijado que aún no he levantado mis cartas? Así que ya sabes lo que toca. Si sale…

- Sí, si sacas repoker o escalera ganas tú. Me se las normas de sobra, no hace falta que me las recuerdes.

Alex dio la vuelta a sus cartas. En ese momento ambos se miraron fijamente. La vela que daba luz a la mesa volvió a apagarse. Cinco segundos después se escuchó un disparo. 

FIN

domingo, 3 de febrero de 2013

Poker de almas (5)

- Disculpa si te he molestado Alex.

- Aquí está el mojito para la cubana más guapa. ¿De qué se tiene que disculpar este impresentable?- dijo Pablo con tono bromista.

- Nada, cosas nuestras. ¿Se ven doscientos?

- Se ven- dijo Alex con decisión.

-Trío de ases.

Parecía que esta vez la suerte no había acompañado a Alex. Respiró profundamente y cuando Fernanda se
las daba de ganadora respondió sacó sus cartas ante la atónita mirada de su rival.

- Full

- De verdad Alex, no se cómo lo haces pero por muy buenas que sean nuestras cartas las tuyas siempre son mejores.

- Hay mucho de suerte como también de decisión.

- Bla, bla, bla… siempre con tu falsa modestia- se quejó Diana que no parecía tener su mejor noche.

- Al menos me consuela que no me fui la primera como el pobre Víctor.

- Ya vale de hablar de Víctor, dejémosle descansar en paz. Venga Fernanda, bébete el mojito que se te va a calentar y comete alguna pasta que aún no las has probado y las hemos comprado por ti - saltó Pablo tratando de zanjar la trágica noticia.

- ¡Ah! ¿No llevan frutos secos?

- No.

- ¡Es todo un detalle! Muchas gracias- contestó Fernanda con alegría mientras mordía una de las pastas.

- Hagamos un descansito. Esto de ganar siempre me agota- presumió Alex.

Charlaron durante media hora entre pasta y pasta. Pablo y Alex parecían ser los más animados de la mesa mientras Fernanda y Diana hablaban de sus cosas pese al estado decaído de esta última. Viendo que apenas quedaba comida y bebida en mesa, retomaron la partida.

- Cariño estás muy conservadora esta partida, apenas has apostado.

- No tengo mucho ánimo. Ni siquiera se cómo podéis jugar con todo lo que ha pasado.

- ¿Y qué quieres que hagamos que nos pongamos a llorar todos? La vida sigue, no se puede estar siempre amargado - contestó Pablo agarrando a su mujer de la mano con ternura.

- Disculpadme, tengo que ir al servicio. Aún sigo un poco revuelta de la semana pasada. Ahora vengo - interrumpió Fernanda que se levantó como un resorte de la silla mientras la partida continuaba.

- Trescientos - apostó Alex una vez más llevando la iniciativa.

- ¿Trescientos? Sabes de sobra que no llego, me faltan cien - contestó Pablo mientras contaba su dinero con angustiosa rapidez.

- Pues como no cojas el dinero de tu mujer, me da que no vas a llegar a mi cantidad.

- Cariño, ¿me dejas lo que me falta?

- Sabes de sobra que vas a perder. Alex siempre gana.

- Venga no seas aguafiestas. Si seguro que va de farol como en toda la partida.

- Como veas, si total el dinero es tuyo…

- ¡Te prohíbo que vuelvas a decir eso! Sabes que todo lo mío es tuyo - contestó Pablo mientras besaba en la mejilla a Diana.

- ¿Entonces qué? ¿Los ves?

- Lo veo y que sea lo que Dios quiera. Tengo poker de cuatros.

- Pues me da que Dios no te quiere mucho Pablo. Poker de reyes.

- ¡Es increíble! Ya ni con un poker es posible ganarle - exclamó Pablo buscando en su mujer una mirada de compasión ya que se lo había advertido.

Alex encendió un nuevo cigarro con la sonrisa del que se sabe ganador. Sin embargo, se percató de que algo raro estaba pasando.

- Por cierto, nos hemos olvidado de Fernanda. Lleva un largo rato en el baño, ¿se habrá quedado dormida?

Los cuatro se miraron con inquietud y fueron al baño a ver si estaba todo en orden. Entre tanto trasiego, Alex aprovechó para darle un pequeño pellizco en el trasero a Diana percatándose de que Pablo estaba mucho más adelantado de camino al baño y sería imposible que viese nada. Esta le apartó radicalmente la mano pero su picara sonrisa hacía deducir que no le había desagradado en absoluto y que en parte lo deseaba.

CONTINUARÁ...

viernes, 25 de enero de 2013

Poker de almas (4)

- Madre mía, ¿pero cómo ha sido?

- Al perecer se ha suicidado, estaba ahorcado. - respondió Pablo mientras abrazaba a su mujer desconsolada.

- Bueno, al menos no volverá a perder dinero jugando al poker - saltó Fernanda mientras recibía miradas de odio por todos los lados.

- Es una broma para aliviar el mal trago, no me miréis así.

- En fin, vamos a jugar que hay mucho dinero en juego. Apagaremos las luces y encenderemos una vela en honor a Víctor. Se que nunca nos cayó bien a ninguno, pero es una persona y merece respeto.

- Tienes razón Pablo. Aunque no sé si tu mujer está en condiciones de apostar.

- Tranquilo, si veo que empieza a hacer disparates con el dinero apostaré yo por ella. Vamos a jugar.

Los primeros instantes de la partida fueron fríos y de poco movimiento. Todo el mundo estaba consternado por la muerte de Víctor. Diana era la más afectada, no podía parar de lagrimear. Alex y Pablo trataban de mantener la entereza y Fernanda, pese a hacerse la dura, también estaba abatida.

- ¿Fernanda hoy no bebes?

- No hijo, y no te creas que no tengo ganas de un mojito de los tuyos pero desde el otro día ando revuelta.

- Llevas toda la noche a base de agua, ¡te van a salir branquias!

- Vale, después de esta mano me preparas uno.

- ¡Claro que sí mujer! Hay que animarse.

La partida transcurría sin mayor emoción. Diana y Pablo se plantaron. Una no tenía la cabeza puesta precisamente en la partida y el otro no estaba teniendo su mejor noche, apenas le quedaba dinero. Aprovechando su plantón, ambos se fueron a la cocina a preparar el mojito de Fernanda mientras hablaban de la trágica noticia. Mientras tanto, la partida parecía coger interés.

- Doscientos.

- Veo.

- Te aviso que voy cargada jovencito.

- Ya sabes de sobra que a mí no me asusta nada

- Qué raro lo de Víctor, así de la noche a la mañana se suicida.

- Siempre fue un tipo raro.

- De eso no hay duda, pero no creo que fuese un suicida - zanjó Fernanda mirando fijamente a Alex con cara de sospecha.

- Cuando me dejaste en casa la semana pasada, ¿a dónde fuiste después?

- ¿A dónde voy a ir? ¡Pues a mi casa!

- ¿Seguro?

- ¿Qué eres mi madre?

- No, para nada. Lo único que cuando fui a bajar las persianas para echarme a dormir vi que giraste en dirección contraria y tu casa está dos calles más para abajo de la mía.

- ¿Me estás acusando de algo? Fui a echar gasolina. Tú como no sabes conducir te crees que los coches
andan solos.

En plena tensión aparecieron Pablo y Diana con el mojito de Fernanda y unas pastas de chocolate para amenizar la partida.

CONTINUARÁ...